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sábado, 12 de mayo de 2012

El capital ficticio

Al final de los 70 y principio de los 80 surgió una nueva etapa capitalista: el capitalismo especulativo. Supuso una fuga de capitales desde los espacios productivos a los de la especulación, en forma de capital ficticio. El capital especulativo o capital ficticio se define como capital que posee valor monetario nominal y existencia como papel, pero que no posee base en términos de actividad productiva real o de activos físicos. El capital especulativo se apropia de un excedente para cuya producción no ha contribuido en nada; exige remuneración, sin contribuir en nada a la  creación de valor real.
La valorización especulativa de los activos genera ganancias ficticias. Mientras la burbuja especulativa se mantiene, no implica pérdidas para nadie. Los intereses de la deuda pública recibidos por el capital, si son financiados con incrementos de la propia deuda, constituyen ganancia para los propietarios del capital, sin que constituyan pérdida para ningún otro particular. El valor imputado a los bienes inmuebles en posesión de los bancos, mientras que no salen al mercado, tienen el valor que los bancos quieran darle. Si compro una mercancía por un precio superior al correspondiente a su valor, mientras no la consuma puedo seguir pensando que no he perdido valor en la compra, pero eso es una pura ilusión. La ganancia ficticia existe mientras se mantenga la valorización especulativa del activo, y desaparece si desaparece esa valorización. Desde el punto de vista de la sociedad, esas ganancias son puro humo. Cuando se propone hacer desaparecer el capital tóxico, los activos tóxicos, lo que se pretende es hacer real el capital ficticio y cobrarlo, obviamente a los trabajadores, por medio de impuestos o mediante obligaciones de deuda u otro tipo de ayudas públicas.
En la economía española, la inversión del sistema financiero en vivienda supuso un alivio para la insuficiente rentabilidad del capital y la escasez de oportunidades de inversión en la economía productiva. Pero la inversión especulativa precisa de dosis cada vez más altas, generando capital y ganancias ficticias, reinyectadas en un mismo circuito. Hasta alcanzar un punto en el que la distancia entre el valor real y el monetario del activo hace irreal la riqueza aparente. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha dejado en manos del sistema financiero una parte importante de capital ficticio, que ahora carece de valor y que, por tanto, debe disminuir su valor nominal. También las familias se encuentran endeudas pagando créditos sobre viviendas que no valen lo que pagaron por ellas. Pero eso es parte del negocio del sistema financiero, que ahora puede seguir cobrando los intereses del gran volumen de capital prestado. El único inconveniente es que el pinchazo de la burbuja hace peligrar la devolución de los créditos y que los activos inmobiliarios en manos de los bancos pierden también su valor, disminuyendo su solvencia.
La importancia de los créditos puestos a disposición de los hogares con la finalidad de adquirir vivienda (con hipoteca) supera a los créditos en cualquier sector productivo (véase la siguiente gráfica). El crecimiento del crédito concedido a las familias no es para satisfacer la demanda de vivienda, sino que responde a unos precios cada vez mayores. Pero lo más destacable es que la segunda finalidad de los créditos otorgados corresponde a las actividades inmobiliarias, y la tercera finalidad a los concedidos al sector de la construcción.

El gran peso de la vivienda en los activos bancarios es una de las principales características del sector bancario español. Los análisis de la crisis bancaria española realizan una foto de la situación actual, olvidando que no es fruto del azar. La asignación de crédito es una de las principales funciones de la banca y un ámbito en el que las decisiones están sólidamente argumentadas. La banca favoreció una burbuja inmobiliaria como un procedimiento teóricamente eficiente para generar ganancias ficticias. El problema ha sido que el proceso especulativo se ha detenido de manera no controlada. Se trata ahora de establecer el máximo control sobre la pérdida de valor del capital ficticio, con el objetivo de que sea absorbida por el sector público o, en último término, por los trabajadores.
En la siguiente gráfica se muestra la evolución de los créditos dudosos según diversos conceptos (todos los datos tienen como fuente el Boletín Estadístico del Banco de España). El sector de actividades inmobiliarias ha pasado de tener 1.599 millones de euros en créditos dudosos en 2007, a 62.366 millones a finales de 2011. Esto representaba en 2007 un 0,53% de los créditos concedidos a actividades inmobiliarias y un 20,9% a finales de 2011. Si a esto se le añaden los créditos dudosos en el sector de la construcción (1.111 millones en 2007, representando un porcentaje de riesgo del 0,72%, y 17.393 millones en 2011, un porcentaje de riesgo del 17,66%) y los de los hogares relacionados con vivienda (4.495 millones en 2007, un riesgo del 0,72%, y 18.285 millones en 2011, con un riesgo del 2,79%), la banca española puede tener alrededor de 98.044 millones de euros en créditos dudosos asociados a la vivienda, que representan un 9,3% de los créditos concedidos a esta función.


Los créditos dudosos son sólo parte del problema de la banca española. El porcentaje de riesgo (créditos dudosos sobre los concedidos) de los créditos a los hogares para adquisición de vivienda (con hipoteca) es bajo (2,74% en 2011). Esta es una de las cifras que hace suponer que la información que ofrece la banca sobre la solvencia de sus activos puede ser inexacta. Con la caída del PIB y el incremento del paro afectando a los hogares españoles, es poco creíble que sólo el 2,74% de las hipotecas sobre vivienda se definan como de dudoso cobro. Adicionalmente, por tanto, el problema no son sólo los créditos dudosos, ha surgido la duda del valor de todos los activos inmobiliarios de los bancos. En la complejidad de las finanzas capitalistas parece difícil saber cuándo los activos son reales, son financieros o cuándo son puramente ficticios.
La expansión financiera se ha basado en el capital ficticio y las inyecciones de liquidez y las ayudas públicas a la banca no tienen como objetivo solucionar un problema de liquidez o de solvencia. La banca no está dispuesta a asumir las pérdidas  generadas en el estallido de la burbuja y para ello precisa del sector público. La nacionalización de las pérdidas (como en el caso de Bankia), la creación de sociedades inmobiliarias (como en la actual reforma)  o las ayudas públicas (no sólo ayudas directas, sino en forma de incentivos fiscales, avales, bonos convertibles en acciones,…) son los instrumentos que pone el gobierno a disposición de la banca. Todas ellas son formas más o menos sutiles de trasladar las pérdidas del capital ficticio a los trabajadores.

sábado, 14 de abril de 2012

Reforma del Tratado: una Europa más solidaria... ¿con los mercados?

Thomas Coutrot
Introducción al libro de Economistas Aterrados, Europa al borde del abismo, Editorial Pasos Perdidos/Barataria, 2012.

Apenas lleva dos años en vigor y el Tratado de Lisboa ya necesita una revisión urgente, porque, si bien prohíbe a los países de la zona euro acudir en ayuda de otro país miembro de la zona, durante la primavera de 2010 y para atajar la catástrofe fue necesario improvisar un “Fondo Europeo de Estabilidad Financiera” que permitiera a Grecia y después a Irlanda hacer frente a sus deudas. Esta violación manifiesta del Tratado ha sido criticada por el Tribunal Constitucional alemán, que ha exigido su reforma para adecuarlo a la realidad. En el verano de 2011, el Consejo y el Parlamento europeos adoptaron una “nueva gobernanza europea” que supuestamente servirá para reforzar la disciplina presupuestaria y hacer sostenible el Fondo, que en 2013 será bautizado de nuevo como Mecanismo Europeo de Estabilidad. Pero los mercados financieros han acentuado todavía más sus maniobras especulativas contra la zona euro, y los tipos de interés han aumentado por doquier. Tras un G20 vacuo y sin contenido en Cannes, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy decidieron imponer a finales de 2011 un nuevo tratado que se propone grabar a fuego en las Constituciones nacionales una “regla de oro” de austeridad presupuestaria, además de tornar automáticas y realmente disuasorias las sanciones contra cualquier país que supere el famoso criterio del 3% del déficit. Este tratado “intergubernamental”, rechazado por el Reino Unido, tendría que ser adoptado de manera urgente para tranquilizar a las agencias de calificación financiera y, de ese modo, perpetuar la tutela de los intereses financieros sobre las políticas económicas de los Estados europeos.
La “disciplina de los mercados” ha entrado en quiebra…
La extraña cláusula de “no salvamento” (no bail-out), introducida desde la fundación del euro por el Tratado de Maastricht, resulta incomprensible para el ciudadano medio. ¿A cuento de qué eso de prohibir la asistencia mutua entre países que han decidido unir sus monedad? En realidad, la cláusula reflejaba la obsesión neoliberal por imponer a los Estados la disciplina de los mercados financieros. Ante la prohibición (establecida por el mismo Tratado de Maastricht) de recurrir al Banco Central Europeo para financiar sus déficits, los Estados se han visto obligados a endeudarse en los mercados, quedando por lo tanto sometidos a los criterios y exigencias de la industria financiera y de las agencias de calificación. Prohibir la asistencia entre Estados supone obligar a cada uno a presentarse por sí solo ante el tribunal de los mercados. Cada Estado debe por tanto respetar rigurosamente sus leyes: reformas fiscales favorables a las rentas de capital, reducción del gasto público, flexibilidad, privatizaciones… Los mercados castigarán a todo Estado demasiado laxo en materia presupuestaria aplicando tipos de interés elevados (la supuesta prima de riesgo) que los obliguen a volver al redil.
Este dispositivo tan brillante se ha venido abajo con la crisis financiera, que ha demostrado por enésima vez lo que todos sabíamos: los mercados financieros no son ni eficientes ni racionales y, por consiguiente, es una aberración confiarles la tutela de las políticas económicas de los Estados. ¿Qué disciplina se puede esperar de mercados especulativos inestables y gregarios que van dando tumbos del boom al crack? Sin embargo, no se han sacado las debidas lecciones de este fracaso tan previsible y anunciado. Antes de 2008, los déficits presupuestarios eran moderados, incluso inexistentes, aun cuando las reformas fiscales favorables a las rentas más altas habían erosionado los ingresos de los Estados. Es la crisis financiera lo que ha ahondado de forma dramática la deuda y los déficits. ¡Y para colmo acudimos a las finanzas desreguladas para financiar los déficits que ellas mismas han provocado! Un caso particularmente delirante es el de Irlanda: su plan de austeridad brutal está dirigido a financiar el reflotamiento de los bancos irlandeses para que sus disparates no les cuesten ni un céntimo a sus acreedores, y en especial a los bancos europeos. Pero el caso griego tampoco tiene desperdicio: el FMI y la Comisión europea imponen privatizaciones, recortes salariales y de pensiones, facilidades para el despido… como siempre con el fin de limitar las pérdidas de los acreedores, aunque se haya podido constatar, en octubre de 2011, que habría que suprimir parte de una deuda cuyo pago íntegro es manifiestamente imposible.
La crisis de la zona euro es el reflejo de la escasa o nula aptitud de los mecanismos de coordinación existentes - el “Pacto de Estabilidad y Crecimiento”- y la ausencia de una verdadera solidaridad financiera. Pero los Jefes de Estado y de Gobierno han decidido radicalizar las disposiciones de dicho pacto, condenando así a Europa a hundirse todavía más en un callejón sin salida.
El origen del problema reside en la concepción misma de la gobernanza económica europea. Claro que existe una coordinación de las políticas económicas, pero esta favorece de forma privilegiada la reducción del gasto público y el control de las cuentas públicas en detrimento del crecimiento, y la competencia en detrimento de la cooperación. La financiarización –es decir, el predominio del sistema productivo sobre el productivo- desbocada de las economías, el dumping fiscal, social y salarial entre los países europeos, la competencia por atraer capitales, han desembocado en esta curiosidad histórica: una moneda única entre países enfrentados en una guerra económica. Guerra que por el momento está ganando Alemania, que viene dando salida a un enorme superávit comercial basado en una austeridad salarial sin fisuras: una auténtica “deflación competitiva”. Pero aquellos que se jactan del éxito de la política alemana olvidan que su generalización a toda Europa reduciría a la mínima expresión la ventaja comparativa de Alemania y sumiría a toda la Unión en la depresión.
…pero todavía hay que reforzarla
¿Qué proponen las autoridades europeas para remediar un vicio de fondo en la concepción de los tratados actuales? Los dirigentes de la Unión, la Comisión y el FMI pretenden reforzar la solidaridad entre los países de la zona euro perpetuando el Fondo de Estabilidad. Solidaridad curiosa donde las haya. Lejos de devolver a los Estados el suficiente margen de maniobra para hacer frente a los mercados financieros, estas reformas vienen a reforzar la disciplina que los mercados no han sabido imponer –debido a su absoluta falta de responsabilidad-. Los tratados europeos querían imponer a los Estados la disciplina de los mercados. Ahora que estos han demostrado su incapacidad para disciplinarse por sí mismos, ya no se trata tanto de neutralizar los daños que puedan ocasionar, sino de suplir sus mecanismos deficientes por mecanismos políticos (como la famosa “regla de oro”) que impondrán directamente a los Estados los objetivos de las élites financieras.
La especulación provoca crisis y en consecuencia déficits; ¿Qué a los “mercados” no les gustan los déficits?, pues entonces vamos a reforzar entre todos la presión sobre el gasto social y a introducir en las Constituciones la obligación de equilibrio presupuestario (“regla de oro”). La especulación provoca subidas de precios en las materias primas y agrícolas, y los asalariados reivindican su capacidad adquisitiva; ¿Qué a los mercados no les gustan las subidas salariales?, pues vamos entre todos a agravar la austeridad salarial. Si en todo esto hay algo que se pueda llamar solidaridad, es con la industria financiera.
Este es el significado real de las innovaciones institucionales adoptadas en verano de 2011 por el Consejo y el Parlamento europeos y del nuevo Tratado anunciado por Merkel y Sarkozy: perpetuar el Fondo de Estabilidad, establecer mecanismos de control recíproco de las políticas presupuestarias (procedimiento conocido como “semestre europeo”) y generalizar la adopción de la “regla de oro”. Tres remedios que agravan la enfermedad.
Mecanismo europeo de “estabilización” ¿o de castigo?
El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera creado en mayo de 2010 ha sido autorizado a endeudarse en los mercados financieros por 440.000 millones de euros con el fin de acudir en ayuda de los países atacados por esos mismos mercados. Este Fondo fue inicialmente creado por tres años, la ayuda aportada estaba en gran medida condicionada a la puesta en marcha de planes de reducción del déficit público, y los tipos eran muy elevados (del 5 al 6 %), incorporando además una prima de riesgo. Resulta paradójico, ya que el Fondo, considerado por los operadores financieros tan seguro como Alemania, se endeudaba a un tipo bajo, próximo al 3%. Pero como subrayaba John Monks, el presidente de la Confederación europea de sindicatos, en una carta dirigida a la Comisión en enero de 2011, estas condiciones, sumadas a planes brutales de austeridad y de privatizaciones, se asemejaban a “las cláusulas de reparación (castigo) del Tratado de Versalles” y “rebajan a los países miembros a un estatuto cuasi-colonial”. Acusación legítima pero cargada de significado cuando uno recuerda que aquel tratado humillante, impuesto en 1919 a Alemania y denunciado en aquel entonces por Keynes, desembocó en la toma del poder años más tarde por los nazis…
Las atribuciones del Fondo han sido ampliadas en 2011: a partir de ahora puede adquirir bonos de los Estados en el mercado primario o secundario, y acudir en auxilio de los bancos en dificultades. Pero el Fondo sigue sin disponer de los recursos necesarios para acudir en auxilio de países grandes como España o Italia.
 Semestre europeo: apretar la soga
La Comisión introduce, con el beneplácito del Consejo, un procedimiento de mutua vigilancia calificado como “semestre europeo”: los Estados miembros presentan en el primer semestre de cada año sus políticas presupuestarias de corto y largo plazo, así como sus proyectos de reforma estructural, a la Comisión y al Consejo Europeo, que dan su opinión antes de que estos sean votados por los Parlamentos nacionales durante el segundo semestre. Así pues, los Parlamentos nacionales quedan condicionados por las decisiones tomadas en el nivel europeo.
Semejante proceso podría ser útil si consistiese en definir una estrategia económica para el empleo y las inversiones en materia ecológica. Pero en realidad se trata de aumentar la presión a favor de políticas de austeridad presupuestaria y de las reformas liberales, Ya se puede ver hoy en día: la Comisión ha lanzado Procedimientos de Déficit Excesivo (PDE) contra la mayoría de los países de la zona, pero no ha pedido a los países con cierto margen de maniobra que aumenten sus gastos o sus salarios para compensar los esfuerzos de Grecia, Irlanda o España.
La Comisión preconiza un “saneamiento presupuestario riguroso”, otorgando prioridad a reequilibrar las cuentas públicas sobre el empleo. Solicita una “corrección de los desequilibrios macroeconómicos” por medio de la moderación salarial en los países deficitarios, la liberalización de los servicios y del comercio en los países con superávit, pero bajo ningún concepto por medio de subidas salariales. También recomienda favorecer la “estabilidad del sector financiero” (pero sin cortarle las alas a la especulación), “hacer el trabajo más atractivo” (como si el problema actual consistiese en que los asalariados se niegan a trabajar), “reformar los sistemas de pensiones” (para reducir los costes y favorecer los fondos de pensiones ¡a pesar de la permanente crisis financiera!)… El giro ecológico, la reforma fiscal progresista, la política industrial y la convergencia social al alza siguen siendo los grandes olvidados de este semestre.
Las seis directivas, el pacto Euro plus, la “regla de oro” para sacar del hoyo a Europa igualando a la baja
En septiembre de 2010, la Comisión presentó un paquete de seis directivas dirigidas a radicalizar la lógica del “Pacto de Estabilidad y Crecimiento” que, sin embargo, había sido un completo fracaso. Las directivas, adoptadas en octubre de 2011 por el Parlamento, mantienen el límite del déficit presupuestario en el 3% de PIB, el objetivo de equilibrio a medio plazo y la obligación de reducir los déficits estructurales al menos un 0,5% anual. Los países cuya deuda supere el 60% del PIB podrán ser sometidos a un “procedimiento de déficit excesivo” si no disminuyen rápidamente su deuda. Con el fin de asegurar la cuasi-automaticidad de las sanciones, será necesaria una mayoría cualificada en el Consejo para oponerse a las medidas y sanciones que la Comisión preconiza. Como si no bastara con tener un “Banco Central independiente” de todo poder democrático, la Comisión propone la creación de “instituciones presupuestarias independientes” que verifiquen que se respetan las reglas presupuestarias europeas.
La Comisión vigilará los desequilibrios macroeconómicos excesivos siguiendo un cuadro de mando con ciertas variables (coste salarial, déficit exterior, deuda pública y privada). Pero la supervisión sólo irá enfocada a igualar a la baja: no se sancionará a los países que descarguen sobre los demás unas políticas presupuestarias y salariales demasiado restrictivas. Tampoco se les incitará a incrementar los salarios o el gasto público para converger al alza con los demás países. La Comisión mantiene inalterable su visión neoliberal: hay que controlar a los Estados miembros despilfarradores y díscolos. Poco importa que la crisis haya demostrado la responsabilidad aplastante de las finanzas en la inestabilidad económica.
Por iniciativa alemana, el Consejo ha adoptado en marzo de 2011 un “Pacto por el Euro plus” o “Pacto de competitividad para la convergencia”, una bella contradicción in terminis. A cambio de su participación en el FEEF, Alemania quiere disponer de un derecho de supervisión sobre las instituciones y las estrategias de los demás países. Se trata otra vez de reforzar la competencia en el seno de la Unión. El pacto contempla la supresión de la indexación de los salarios tomando como base los precios, el ajuste de la edad de jubilación en función de la esperanza de vida, la introducción en las constituciones de un techo de déficit…
El nuevo tratado, minuciosamente elaborado por Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, propuesto por el Consejo Europeo el 9 de diciembre de 2011, impone la inscripción de una “regla de oro” - similar a la que fue votada por el Parlamento español en septiembre de 2011- en las constituciones de los países miembros. El déficit público estructural será limitado al 0,5% del PIB. Los países tendrán que reducir sus déficits de forma anual, independientemente de la situación económica, siguiendo instrucciones de la Comisión. Será necesaria una mayoría cualificada de los gobiernos europeos para oponerse a las sanciones previstas en caso de superar el techo del 3% o de incumplimiento de las instrucciones de la Comisión. Los Estados perderán toda autonomía de su política presupuestaria. Supondrá un grave retroceso de la democracia.
Otras políticas verdaderamente solidarias son posibles
Hasta el momento, las decisiones y los proyectos sugeridos ni siquiera han servido para tranquilizar a los mercados, En diciembre de 2011, los tipos impuestos por los mercados para la deuda a 10 años eran del 2% para Alemania y del 3,5% para Francia, pero del 6% para España, del 7% para Italia, 8% para Irlanda, 12% para Portugal y 18% para Grecia. Los mercados financieros anticipan una suspensión de pagos en ciertos países y numerosos especuladores se sitúan en un escenario de ruptura de la zona euro. Tras haber sido obligados a constatar que Grecia no podría pagar toda su deuda y de haber condonado una parte de los créditos que estaban en manos de agentes privados, los dirigentes europeos han salido a la palestra para declarar que nunca aceptarían que un país europeo deje de pagar su deuda. Pero para seguir respondiendo a su deuda, los países atacados tienen que soportar tipos de interés elevados, adoptar medidas de austeridad presupuestaria y reducir sus salarios para restablecer su competitividad. Lo que a su vez les condena a un largo periodo de estancamiento económico y de paro que a la larga impedirá una reducción real de los déficits.
¿Puede el debate sobre la gobernanza económica frustrar las lecciones dela crisis? La crisis obedece a estrategias económicas basadas en la presión sobre los salarios y el gasto público, quedando compensado el descenso de la demanda por mejoras de competitividad para los países “neo-mercantilistas” que basan toda su política económica en la exportación (Alemania) o por las burbujas financieras e inmobiliarias y el crecimiento de la deuda de los particulares en los países anglosajones y del sur.
La quiebra de estas dos estrategias ha obligado a los Estados a elevar el déficit público para amortiguar los efectos de la recesión. No se puede reducir dichos déficits sin haber definido previamente otro modelo económico que debería apoyarse, por una parte, en el aumento de los salarios y las prestaciones sociales, tanto en los países neo-mercantilistas como en los países anglosajones, y por otra parte en una nueva política industrial, dirigida a organizar y financiar el giro hacia la economía sostenible.
Los déficits públicos anteriores a la crisis no provenían del aumento del gasto, sino de una competencia fiscal organizada. Reequilibrar las cuentas públicas pasa por la lucha contra la evasión fiscal y los paraísos fiscales. Para reducir los déficits, hay que aumentar la imposición sobre los ingresos financieros, las plusvalías y las rentas más altas, cuyo crecimiento es una de las causad de la crisis. A escala europea, esto pasa por una estrategia de armonización fiscal, fijando tipos impositivos mínimos para las empresas, las rentas altas y los patrimonios, garantizando a cada país la posibilidad de gravar a sus empresas y residentes.
La supervivencia de Europa implica un cambio total de paradigma. Europa no puede apuntar a una austeridad sin fin, sino que debe alumbrar un modelo específico de sociedad, y para ello requiere una profunda renovación. Entre los economistas críticos no existe un acuerdo unánime sobre la naturaleza de esta renovación. A algunos de nosotros nos gustaría ver cómo Europa se encamina hacia un crecimiento sostenible, un “Green new deal”. Otros preconizan un modelo alternativo en el que el “bienestar” dejaría de ser medido por el PIB. Tampoco nosotros estamos totalmente alineados en cuanto a las medidas que convendría privilegiar para salir del callejón sin salida que amenaza directamente el futuro de la construcción europea. Algunos de nosotros consideramos que la Unión Europea debería garantizar el conjunto de las deudas públicas de los países miembros, lo cual dejaría sin  justificación alguna a las primas de riesgo actualmente exigidas por los inversores para adquirir bonos de los Estados más sospechosos de insolvencia. Otros piensan que las deudas públicas, ampliamente deslegitimadas por su origen (las reducciones de impuestos a los ricos, la crisis financiera, el rescate de los bancos) deberían ser reestructuradas y, llegado el caso, incluso condonadas. A fin de cuentas esta es la clase de debate democrático que debe darse para que en última instancia sean los ciudadanos quienes decidan.
Sin embargo, existe unanimidad en torno a la necesidad de reformar los tratados europeos para reducir la importancia de los mercados financieros, relajar la presión que ejercen sobre los ciudadanos y construir una verdadera solidaridad entre los países, basada en la cooperación y la armonización en un horizonte de progreso.
Una primera exigencia para liberar a los Estados de la tutela de los mercados financieros es garantizar, en los casos en que sea necesario, la recompra de deuda soberana por el BCE. Los Estados tienen que poder financiarse directamente en el Banco Central Europeo a un bajo tipo de interés. Es intolerable que los bancos privados acumulen beneficios récord prestando a los Estados a tipos prohibitivos mientras que ellos se financian en el BCE a un tipo muy bajo.
Una segunda necesidad consiste en trasladar los costes de la recesión y las pérdidas de los bancos  a sus accionistas y a los particulares más acomodados. Es inaceptable imponer el paro, la precariedad y el descenso salarial para proteger y preservar a las élites financieras. Los beneficios y los bonus récord de los bancos en 2010 son indecentes. Los ciudadanos islandeses han abierto el camino al rechazar por referéndum el pago de las locuras perpetradas por sus bancos. Los movimientos de los indignados en España y Grecia han expresado con vehemencia y claridad su rechazo a seguir tragando con todo. El cambio es necesario.
Una tercera urgencia es desarmar a la especulación que sigue cebándose con  Grecia, Irlanda, Portugal, Italia , España, y muy pronto con Francia… Gravar las transacciones financiera, empezando por aquellas que se efectúen en euros; regular estrictamente los mercados derivados, especialmente aquellos que se basan en materias primas y agrícolas, así como los CDS (estos seguros contra la quiebra de un Estado que se han transformado en herramientas de especulación contra los propios Estados); limitar drásticamente la actividad de los fondos especulativos y en particular los “efectos palanca”, que multiplican las oportunidades y los riesgos derivados de la especulación; prohibir a los bancos la especulación por cuenta propia y desmantelar aquellos que son “demasiado grandes como para quebrar”… Toda una batería de decisiones urgentes que no pueden seguir pospuestas.
El cuarto imperativo consiste en instaurar un auténtico espíritu cooperativo entre las políticas económicas  europeas. En lugar de privilegiar ante todo la competencia y los ajustes a la baja, hay que ejercer presión sobre Alemania –y con ese fin apoyar a los movimientos sociales alemanes- para aumentar los salarios y las  prestaciones sociales con  el fin de reducir un  superávit comercial que está desestabilizando a toda Europa. Hay que poner freno a la competencia fiscal que tanto ha minado los ingresos públicos de los países de la Unión, armonizando al alza el impuesto de sociedades. Hay que reequilibrar las cuentas públicas anulando las contrarreformas fiscales neoliberales y restaurando una fiscalidad progresiva. Hay que crear una verdadera solidaridad presupuestaria europea mediante la instauración de una fiscalidad unificada sobre las transacciones financieras y las energías fósiles.
Creer que la reforma programada del Tratado reforzará la solidaridad europea sería un craso error. Al contrario, este reforma apretaría las tuercas a las finanzas de la Unión Europea. Da por válidos los planes de austeridad ya impuestos y allana el camino para su generalización. Prosigue obstinadamente la carrera de la Unión Europea hacia la implosión. Los brutales planes de austeridad aplicados para “tranquilizar a los mercados financieros” son, junto con la crisis bancaria, una de las causas esenciales de la recesión que hoy día se instala en todo el mundo.

jueves, 2 de febrero de 2012

El derecho a la insolvencia



5-12-2011



Austeridad en Europa



Los fanáticos del fundamentalismo económico dicen que “el trabajador alemán no quiere pagar las facturas del pescador griego” y, mientras tanto, enfrentan a los trabajadores entre sí, llevando a Europa al borde de la guerra civil.

La entidad que es "Europa" fue concebida a raíz de la Segunda Guerra Mundial, como un proyecto para superar el nacionalismo moderno y crear una unión no identitaria basada en los principios del humanismo, la ilustración y la justicia social. ¿Qué queda de este proyecto original, después del reciente colapso financiero que ha asaltado la economía estadounidense y ha puesto en peligro a la zona euro? Desde el comienzo de la Unión Europea, el perfil constitucional de la entidad europea ha sido débilmente definido, de manera que el objetivo económico de prosperidad y las limitaciones del monetarismo financiero han tomado el lugar de una constitución. En la década de 1990, el Tratado de Maastricht marcó un punto de inflexión en este proceso. Sancionó la constitucionalización de la regla monetarista y sus implicaciones económicas: una disminución del gasto social, reducción de los costes laborales y un aumento de la competencia y la productividad. Los efectos de una aplicación intolerante de las reglas de Maastricht se hicieron evidentes en 2010: aplastando a Grecia e Irlanda y poniendo en peligro otros países, la crisis financiera mostró las contradicciones entre los deseos de crecimiento económico y estabilidad social, y la rigidez monetarista. En esta situación, las reglas de Maastricht han demostrado ser peligrosas, y la concepción global de la UE, basado en el protagonismo de la competencia económica, ha revelado su fragilidad.

Si vamos a competir con las economías emergentes, en las que los costes laborales son más bajos que los de Europa, debemos reducir los salarios europeos. Para competir con economías en las que la jornada de trabajo no termina nunca y en donde las condiciones de trabajo no están reguladas -con poca seguridad, turnos agobiantes, y sin garantías de empleo-  también habrá que abolir los límites de la semana laboral, hacer horas extras obligatorias y renunciar a la seguridad en Europa. Así, la evolución del capitalismo requiere no sólo la derogación de los principios que se derivan del socialismo, sino también la revocación de la tradición de la Ilustración y el legado humanista, hasta e incluyendo la abolición de la democracia, si esta palabra aún significa algo.

¿Es esta la Europa que queremos? ¿Es esta la imagen a la que Europa ha decidido adherirse? Obviamente, no se trata aquí de principios, sino de relaciones de poder. En los últimos años, la clase financiera, ahora un grupo dominante en el gobierno económico del mundo, ha utilizado las herramientas técnicas de la globalización para aumentar enormemente la riqueza que, en forma de beneficios y rentas financieras, acaba en los bolsillos de una minoría. La clase obrera y los trabajadores del conocimiento en sus distintas formas no han podido resistir el ataque que siguió a la globalización. Esta desigual distribución de la riqueza está en conflicto con la posibilidad de un mayor desarrollo del capitalismo: la reducción de los salarios globales está destinado a causar una disminución de la demanda. El resultado es un empobrecimiento que hace a la sociedad más frágil y agresiva, y una deflación que hace imposible relanzar el crecimiento.


El poder financiero y el capitalismo nihilista


La clase dirigente europea parece incapaz de pensar en términos del futuro. Están nerviosos y, asustados por su propia impotencia, tratan de reafirmar y reforzar medidas que ya han fracasado.

Este colapso europeo pone al descubierto la agonía del capitalismo. La flexibilidad del sistema se ha acabado; se ha quedado sin márgenes. Si la sociedad debe pagar la deuda de los bancos, debe reducirse la demanda, y si la demanda se reduce no habrá crecimiento.

Hoy en día, es difícil ver un proyecto consistente en la acción frenética de la clase dirigente. Una cultura de “no hay futuro” se ha apoderado del cerebro capitalista. El origen de este nihilismo capitalista se encuentra en el efecto de la desterritorialización, que es inherente al capitalismo financiero global. La relación entre el capital y la sociedad ya no se fundamenta en el territorio, en la medida en que el poder económico ya no se basa en la propiedad de las cosas físicas. La burguesía está muerta, y la nueva clase financiera tiene una existencia virtual: fragmentada, dispersa, impersonal.

La burguesía, que controlaba la escena económica de la Europa moderna fue una clase muy territorializada. Vinculada a los bienes materiales, no podría sobrevivir sin una relación con el territorio y la comunidad. La clase financiera que ha tomado la dirección de la máquina política europea no tiene ningún apego a ningún territorio o a la producción material. Su poder y riqueza se basan en la perfecta abstracción de las finanzas digitales. Estas hiper-abstractas finanzas digitales están matando el cuerpo viviente del planeta y el cuerpo social de la comunidad de trabajadores.

¿Cuánto puede durar? En 2011, sin consultar a la opinión pública, la directiva Europea que surgió después de la crisis griega confirmó su monopolio sobre las decisiones económicas de los distintos países próximos al default. Despojó a los parlamentarios de su autoridad y sustituyó la democracia de la UE por un ejecutivo encabezado por los grandes bancos. ¿Puede el directorio BCE-FMI-UE imponer un sistema de automatismos que asegure el cumplimiento por los miembros de la UE del proceso de reducción salarial del sector público, el despido de un tercio de los maestros, y así sucesivamente? Este orden de cosas no puede durar indefinidamente, ya que el punto de llegada de la espiral de deuda-deflación-recesión-más deuda es el colapso final de la Unión, como se pone de manifiesto en la agonía griega.

La sociedad ha tardado en reaccionar, su inteligencia colectiva está desprovista de cuerpo social, y el cuerpo social está completamente subyugado y abatido. A finales de 2010, una ola de protestas y disturbios estallaron en las escuelas y universidades. Ahora esa ola va en aumento en todas partes. Pero las protestas, manifestaciones y disturbios parecen incapaces de forzar un cambio en la política de la Unión.

Vamos a tratar de entender por qué, y también vamos a tratar de buscar una nueva metodología de acción, y una nueva estrategia política para el movimiento.


Un movimiento para la reactivación del cuerpo social


El movimiento de protesta ha proliferado durante el año pasado. De Londres a Roma, de Atenas a Nueva York, por no hablar de los trabajadores precarios del norte de África que han sido parte de la reciente agitación por el cambio (para bien o para mal) del mundo árabe, este movimiento tiene como objetivo el poder financiero y trata de oponerse a los efectos del asalto financiero a la sociedad. El problema es que las manifestaciones y protestas pacíficas no han sido capaces de cambiar la agenda del Banco Central Europeo, en la medida en que los Parlamentos nacionales de los países europeos son rehenes de las reglas de Maastricht, los automatismos financieros actúan como la constitución material de la Unión. Las manifestaciones pacíficas son eficaces en el marco de la democracia, pero ya no existe democracia cuando los automatismos tecno-financieros han tomado el lugar de las decisiones políticas.

La violencia estalla aquí y allá. Las cuatro noches de rabia en los suburbios ingleses, así como los violentos disturbios de Roma y Atenas, han demostrado la posibilidad de que la protesta social se vuelva agresiva. Pero la violencia tampoco es capaz de cambiar el curso de las cosas. Incendiar un banco es totalmente inútil, ya que el poder financiero no está en los edificios, sino en la abstracta conexión de números, algoritmos e información. Por lo tanto, si queremos que las formas de acción sean capaces de afrontar la actual forma de poder, tenemos que partir de la conciencia de que el trabajo cognitivo es la principal fuerza productiva que crea los automatismos tecno-lingüísticos, que hacen posible la especulación financiera. Siguiendo el ejemplo de Wikileaks, hay que organizar un proceso duradero para desmantelar y reescribir los automatismos tecno-lingüísticos que nos esclavizan.

Frente al asalto financiero, la subjetividad social parece débil y fragmentada. Treinta años de precarización del trabajo y la competencia han puesto en peligro la estructura misma de la solidaridad social y han debilitado la capacidad psíquica de compartir el tiempo, los bienes y el aire. La virtualización de la comunicación social ha deteriorado la empatía entre los cuerpos humanos.

El problema de la solidaridad siempre ha sido crucial en todo proceso de lucha y cambio social. La autonomía se basa en la capacidad de compartir la vida cotidiana y reconocer que lo que es bueno para mí es bueno para ti y que lo que  es malo para ti es malo para mí. La solidaridad es difícil de construir cuando la mano de obra se ha convertido en una dispersión de recombinantes trozos de tiempo y, en consecuencia, el proceso de subjetivación se ha vuelto algo fragmentario, frágil y sin empatía. La solidaridad no tiene nada que ver con una auto-negación altruista. En términos materialistas, la solidaridad no es acerca de ti, se trata de mí. Como el amor, no se trata de altruismo, es sobre el placer de compartir el aliento y el espacio del otro. El amor es la capacidad de disfrutar de uno mismo, gracias a otra presencia, gracias a otros ojos. Esta es la solidaridad. Dado que la solidaridad se basa en la proximidad territorial de los cuerpos sociales, no se puede construir solidaridad entre fragmentos de tiempo.

Creo que los disturbios ingleses, las revueltas italianas, las acampadas españolas no deberían considerarse formas importantes de revolución, ya que no son capaces de golpear en el corazón del poder. Tienen que entenderse como una forma psico-afectiva de re-activación del cuerpo social. Tienen que ser vistas como un intento de activar una relación viva entre el cuerpo social y la inteligencia colectiva. Sólo cuando la inteligencia colectiva se haya vuelto a conectar con el cuerpo social, seremos capaces de iniciar un proceso real de independencia de las garras del capitalismo financiero.


El derecho a la insolvencia


Un nuevo concepto surge entre la niebla de la situación actual: el derecho a la insolvencia. No pagaremos la deuda.

Los países europeos se han visto obligados a aceptar el chantaje de la deuda, pero la gente niega el concepto de que estemos obligados a pagar una deuda que no hemos contraído. El antropólogo David Graeber, en su libro Deb, the first 5000 years (Melville House, 2011), y el filósofo Maurizio Lazzarato, en La Fabrique de l'homme endetté (ediciones Amsterdam, 2011), han iniciado una interesante reflexión sobre el origen cultural del concepto de deuda, y las implicaciones psíquicas del sentimiento de culpa que el concepto de deuda trae en sí mismo. Y, en su ensayo Recurring Dreams The Red Heart of Fascism, el joven pensador anglo-italiano Federico Campagna sitúa la analogía entre los años posteriores al Congreso de Versalles y la actualidad en la obsesión por la deuda:

“La última vez, nacer le llevó décadas. Primero fue la guerra, y luego, una vez finalizado ésta, fue la deuda y todos los vínculos que vienen con ella. Era la época de la industrialización, el tiempo de la modernidad, y todo vino en una escala masiva. Empobrecimiento masivo, desempleo masivo, la hiperinflación, hiper-populismo. Las naciones crujían bajo el peso de lo que los marxistas llamaban “contradicciones”, mientras que los capitalistas se aferraban a los bordes de sus sombreros de copa, todos esperando que el cielo cayera a la tierra. Y cuando lo hizo, ellos mismos se lanzaron tras él, a montones, cayendo desde sus rascacielos y sus edificios de oficinas. El aire se volvió eléctrico, las plazas se llenaron, los árboles se convirtieron en estandartes y porras. Fue el período de entreguerras, y en la profundidad del cuerpo social, el nazismo estaba todavía oculto, líquido y en crecimiento, tranquilo como un feto.

 Esta vez, todo está pasando casi exactamente del mismo modo, sólo que un poco fuera de sincronización, como sucede con los sueños recurrentes. Una vez más, el equilibrio de poder en el mundo está cambiando. El viejo imperio se hunde, melancólicamente, y nuevos poderes se apresuran en su la carrera hacia la cima. Al igual que antes, sus atléticos gritos son los más poderosos de la modernidad. ¡Progreso! ¡Progreso! ¡Progreso! Sus ejércitos son poderosos, sus dientes brillantes, sus esperanzas peligrosas y puras. Los viejos poderes los miran con miedo, escuchando sus lenguas incomprensibles, como ancianos escuchando la música de los jóvenes”.

La carga de la deuda atormenta la imagen de futuro de los europeos, y la Unión, que solía ser una promesa de prosperidad y paz, se está convirtiendo en una especie de chantaje y amenaza.

Como respuesta, el movimiento ha lanzado el lema: No pagaremos la deuda. Estas palabras son engañosas en este momento, puesto que de hecho ya estamos pagando por la deuda: al sistema educativo se le está retirando la financiación, se privatiza, se pierden empleos y así sucesivamente. Pero estas palabras están destinadas a cambiar la percepción social de la deuda, creando una conciencia de su arbitrariedad y de su ilegitimidad moral.

El derecho a la insolvencia está emergiendo como una nueva palabra clave y un nuevo concepto cargado de  implicaciones filosóficas. El concepto de insolvencia no sólo implica la negativa a pagar la deuda financiera, sino también, de una manera sutil, la negativa a someter la potencia vital de las fuerzas sociales al dominio formal del código económico.

Reclamar el derecho a la insolvencia implica un cuestionamiento radical de la relación entre la forma capitalista (Gestalt) y la potencia productiva concreta de las fuerzas sociales, en particular, la potencia de la inteligencia global. La forma capitalista no es sólo un conjunto económico de normas y funciones; es también la interiorización de un determinado conjunto de limitaciones, de automatismos psíquicos, de normas de obligado cumplimiento.

Trate de pensar por un segundo que toda la simbología financiera de la vida europea desaparece. Trate de imaginar que, de repente, dejamos de organizar la vida cotidiana en términos de dinero y deuda. Nada cambiaría en la capacidad potencial de la sociedad, en el contenido de nuestro conocimiento, de nuestras capacidades y habilidades productoras. Debemos imaginar (y por lo tanto organizar) el desenredo de la potencialidad vital del intelecto general de la Gestalt capitalista - presente en primer lugar como un automatismo psíquico que rige la vida cotidiana.

Insolvencia significa renunciar al código económico del capitalismo como una transliteración de la vida real, como semiotización de la potencia social y la riqueza. La capacidad productiva útil del cuerpo social se ve obligada a aceptar el empobrecimiento a cambio de nada. La fuerza concreta del trabajo productivo se somete a la tarea improductiva y realmente destructiva de refinanciar el malogrado sistema financiero. Si, paradójicamente, pudiésemos cancelar cada marca de la semiotización financiera, no cambiaría nada en la maquinaria social, ni en la capacidad intelectual para concebir y actuar. El comunismo no es necesario que sea llamado desde el vientre del futuro; está aquí, en nuestro ser, en la vida inmanente de conocimiento común.

Pero la situación actual es paradójica, al mismo tiempo que emocionante y desesperada. El capitalismo nunca ha estado tan cerca del colapso final, pero la solidaridad social nunca ha estado tan lejos de nuestra experiencia diaria. Debemos partir de esta paradoja con el fin de construir un proceso post-político y post-revolucionario para desenredar lo posible de lo existente.

sábado, 14 de enero de 2012

Una estrategia para la izquierda en Europa



¿Una estrategia europea para la izquierda? y ¿Qué pensamos acerca del euro? son dos artículos que polemizan sobre la estrategia que debería seguir la izquierda radical europea frente a la crisis de la eurozona. En el primer artículo Michel Husson argumenta que la salida del euro es una aventura demasiado arriesgada, proponiendo objetivos intermedios que cuestionen el perfil radicalmente capitalista de las actuales instituciones europeas. Por su parte, Costas Lapavitsas, considera que el primer paso para salir de la crisis es reconocer la existencia de relaciones imperialistas y de clase en el corazón mismo de la eurozona. El intento de crear una moneda mundial al servicio de los intereses del capital europeo ha supuesto el empeoramiento de las condiciones de trabajo en el centro de la eurozona y una gran crisis en la periferia. Para Lapavitsas la alternativa de izquierda radical debe ser diferente según la situación del país en la eurozona (central o periférica). En los países centrales debería conseguir el fin de la moderación salarial, imponiendo el control del sistema financiero y la política monetaria del BCE; en la periferia, debería imponer la renegociación de la deuda y el control público de la banca, reestructurando la capacidad productiva de la periferia con el objetivo de generar empleo. Una estrategia de la izquierda radical, tanto para el centro como para la periferia, debería incluir un periodo de transición que modifique el equilibrio de fuerzas contra el capital, creando mejores condiciones para resolver los problemas de distribución, crecimiento y empleo.

miércoles, 4 de enero de 2012

La transición europea de la social democracia a la oligarquía

Michael Hudson, en línea con los argumentos de su artículo  Democracia y Deuda, analiza las distintas soluciones propuestas ante la crisis financiera.  ¿Por qué se debe rescatar a los banqueros a costa del resto de la economía? Con el pretexto de la emergencia financiera la democracia política se ha subordinado al sector bancario. Hudson defiende que no hay ninguna necesidad económica para que la tecnocracia financiera europea imponga una economía de depresión. Se trata de una gran oportunidad de negocio para los bancos, que han tomado el  control de la política económica del Banco Central Europeo. Un paso en la transición de los gobiernos democráticos al gobierno de la oligarquía financiera.

¿Cómo salvar a los pueblos y no a los banqueros?

Wim Dierckxsens

Artículo original en:
http://www.observatoriodelacrisis.org/

 22 de Septiembre de 2011


El Observatorio Internacional de la Crisis es una organización que profundiza en las diferentes dimensiones económicas, sociopolíticas y culturales de la crisis. Entre sus objetivos: "señalar tanto las amenazas como las oportunidades de transición en el proceso económico social y político y alimentar el paso de la resistencia a la acción para el cambio".
Derckxsens es miembro coordinador del Observatorio, en su último artículo realiza un análisis general de la actual crisis financiera, poniendo de relieve que se trata de una lucha por el reparto de la riqueza global, que adquiere forma de guerra financiera y política. En la confrontación entre distintos bloques de poder resalta el nuevo núcleo financiero de poder mundial, una red financiera global con la necesidad de reconectarse con el sector productivo de la economía. Para ese Estado-Red-Global sólo debe haber colonias, pero no países colonizados, no necesita de fronteras ni de ciudadanos (sólo súbditos de la soberanía financiera). Pero necesita imponerse en la economía y en la política, sometiendo a otras fracciones del poder mundial.



domingo, 25 de diciembre de 2011

Democracia y deuda

Michael Hudson es especialista en economía y finanzas, y en historia económica de Oriente Próximo. Es presidente del Instituto para el Estudio de Tendencias Económicas a Largo Plazo (Institute for the Study of Long-Term Economic Trends, ISLET) y autor de diversos libros: Super-Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (1968 & 2003), Trade, Development and Foreign Debt (1992 & 2009) y The Myth of Aid (1971). Ejerce como asesor económico de gobiernos de todo el mundo, incluyendo Islandia, Letonia y China.


En el siguiente artículo analiza la relación histórica entre deuda pública y democracia. Explica las razones históricas por las que el sistema financiero apoyó la democracia parlamentaria y muestra su viaje de vuelta hacia la oligarquía. La última frase de su artículo es contundente: “Las matemáticas básicas son tan válidas como los principios políticos: Las deudas que no pueden pagarse, no se pagarán”.
Democracia y Deuda. (Democracy and Debt).

lunes, 19 de diciembre de 2011

Las evidencias (directas) de la dictadura financiera

Esta es la traducción de un artículo de Andrea Fumagalli, acogido (23 de noviembre de 2011) en la página web del proyecto uniNomade, una red italiana de investigadores y activistas de movimientos sociales. Andrea Fumagalli enseña Economía Política en la Universidad de Pavía, ha sido uno de los primeros defensores en Italia de la renta básica. En el artículo reflexiona sobre la servidumbre del sistema político europeo ante las corporaciones financieras, planteando la posibilidad de una suspensión de pagos (default) controlada por parte de los estados europeos.

UniNomaDE-Las Evidencias de La Dictadura Financiera

domingo, 11 de diciembre de 2011

Costas Lapavitsas y la crisis financiera global

Costas Lapavitsas es un economista griego, profesor en la Universidad de Londres y especializado en la estructura de los sistemas financieros. Es autor entre otros trabajo de un libro publicado por Maia Ediciones: El capitalismo financiarizado: Expansión y crisis.  Su argumento señala como responsables de la crisis económica actual, en primer lugar, la financiarización de la renta personal durante las dos últimas décadas. En ese proceso, Lapavitsas resalta la penetración del sector finaciero privado en las transacciones de la vida cotidiana, que ha generado una práctica de "expropiación financiera", entendida como la sistemática extracción de beneficios financieros de sueldos y salarios. Este cambio en la práctica de los bancos fue facilitado por el descenso en la provisión pública de viviendas, pensiones y educación, a medida que iba en ascenso el neoliberalismo. En segundo lugar, la expropiación financiera está vinculada a la transformación de los bancos e instituciones financieras. Los bancos se han distanciado del capital industrial y comercial, a la vez que han crecido los libres mercados financieros. La financiarización ha favorecido la vuelta de los rentistas y una transformación de las relaciones entre el Estado y la economía. Como resultado de estas tendencias, la autonomía de las finanzas ha aumentado, generando una mayor inestabilidad en el conjunto del sistema económico.

Podéis encontrar una breve interpretación de la crisis financiera en un artículo suyo del año 2009: Las raíces de la crisis financiera global.

Un reciente trabajo colectivo sobre la crisis de la eurozona (Eurozone Crisis: Beggar Thyself and Thy Neighbour; La crisis en la Zona Euro: Empobreciéndote a ti y a tu vecino) concluye que la crisis de la deuda pública de los países periféricos de la Zona Euro (Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y España) tiene su origen en los superávit por cuenta corriente de Alemania y abogan por la reforma o la salida de la Zona Euro. Sus opiniones sobre la situación actual de la Unión las podéis leer en la traducción de una entrevista suya en la revista online marx21.

Esta es su opinión sobre el futuro de Europa y España, según exponía en una entrevista en La Vanguardia (22/11/2011):


En un ejercicio de economía-ficción, ¿cómo ve Europa dentro de una década?

Si las actuales estrategias de los países del núcleo de la Unión Europea, principalmente Alemania, tienen éxito, si prevalecen, Europa no va a estar muy bien. No ya dentro de una década, mucho antes. Europa será un continente de escaso crecimiento, de elevado desempleo, de grandes tensiones sociales, de democracias cada vez más débiles, de relaciones jerárquicas de dominio entre naciones crecientes, que perderá influencia en el mundo. Sin embargo, los países del núcleo de la unión, con Alemania al frente, se tornarán en muy poderosos, con impredecibles implicaciones al respecto. Esto es lo que creo que sucedería si las elítes alemanas llevan a cabo sus planes. Ahora bien, con todo, creo que es más probable que el actual sistema no sobreviva, que la unión europea se rompa en dos grupos, el núcleo y otras monedas nacionales. Las impliaciones para la Unión Europea son de nuevo impredecibles. Todo depende de los eventos actuales.

¿Qué cree que sucederá en España?

España, junto con Italia, son países medio periféricos, medio del núcleo. Tienen una posición intermedia. Son más importantes que Grecia, Irlanda o Portugal por su tamaño. Si la gente en España dice claramente que quiere unas nuevas estrategias alternativas a las actuales y están preparados para movilizarse por ello entonces las cosas podrían cambiar. En cambio, si aceptan la austeridad, la lógica europea, si aceptan las políticas que surgen de Berlín, entonces el futuro para España no es muy halagüeño. La economía de España en los próximos 20 años no pinta muy bien. Su éxito se basó en los créditos baratos y en la construcción. Ahora tiene un elevado desempleo y el crecimiento de su productividad es muy bajo. España necesita un nuevo comienzo. Debe luchar por ello. Si acepta las políticas que vienen dictadas de Berlín y Bruselas no va a cambiar nada. No habrá un nuevo principio. Habrá más marginación. Con las actuales políticas el futuro de los países periféricos no pinta nada bien.