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miércoles, 9 de enero de 2013

La Religión del Mercado

Éric Toussaint


Texto extraído de:
Daniel Millet y Éric Toussaint (dirs.)
Icaria, octubre de 2011.
Págs. 37-40



Casi todos los dirigentes políticos, ya sean de la izquierda tradicional o de la derecha, ya sean del Sur o del Norte, confiesan una verdadera devoción por el mercado, y en particular por los mercados financieros. En realidad, habría que decir que ellos han creado una verdadera religión del mercado. Cada día, en todas las casas del mundo que tienen televisión o internet, se celebra una misa dedicada al dios Mercado durante la difusión de la evolución de las cotizaciones de la Bolsa y de los mercados financieros. El dios Mercado envía sus señales a través del periodista económico o del comentarista financiero. Esto sucede no sólo en los países más industrializados sino también en la mayor parte del planeta. En Shangai o en Dakar, en Río de Janeiro o en Tombuctú, podemos recibir “las señales enviadas por los mercados”. Por ejemplo, en Europa, todo el mundo sabrá por la mañana cómo han evolucionado en el transcurso de la jornada el índice Nikkei de la bolsa de Tokio, a pesar de que esto no le concierne a casi nadie: las pocas personas que lo estuvieran son mantenidas al corriente por otros medios diferentes a la información de un programa continuo de radio… En todas partes, los gobiernos han llevado a cabo privatizaciones y han creado la ilusión de que la población podría participar directamente en los ritos del mercado (mediante la compra de acciones) y que como contrapartida se beneficiaría si interpretaba correctamente las señales enviadas por el dios Mercado. En realidad, la pequeña proporción que adquirió acciones no tiene el más mínimo peso sobre las tendencias del mercado.

Los miles de millones del culto

Dentro de algunos siglos, quizá se leerá en los libros de Historia que, a partir de los años ochenta del siglo XX, hizo furor cierto culto fetichista. La expansión así como el poder que llegó a tener dicho culto tal vez se relacionará con los nombres de dos jefes de Estado: Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Se destacará que este culto se benefició desde sus inicios de la ayuda de los poderes públicos (que se inclinaron voluntariamente antes ese dios que les privaba de una gran parte de su poder de antaño). En efecto, para que este culto encontrara cierto eco en las poblaciones, fue necesario que los medios de propaganda públicos o privados le rindieran pleitesía cotidianamente.

Los dioses de esta religión son los Mercados financieros, a los que se han dedicado templos llamados Bolsas, y a los que sólo son convidados los grandes sacerdotes y sus acólitos. Al pueblo de los creyentes se lo invita a entrar en comunión con sus dioses Mercados mediante la pantalla de TV o del ordenador, el periódico, la radio o la ventanilla del banco.

Hasta en los rincones más recónditos del plantea, gracias a la radio o la televisión, centenares de millones de seres humanos, a quienes se niega el derecho a tener sus necesidades básicas satisfechas, son instados a celebrar a los dioses Mercados, Aquí en el Norte, en la mayoría de los diarios leídos por los asalariados, las amas de casa y los desocupados, existe una rúbrica del tipo “dónde colocar su dinero”, a pesar de que una aplastante mayoría de lectores y lectoras no cuenta ni con una acción en la bolsa. Se paga a los periodistas para que ayuden a los creyentes a comprender las señales enviadas por los dioses.

Para aumentar el poder de estos dioses sobre el espíritu de los creyentes, los comentaristas anuncian periódicamente que éstos han enviado señales a los gobiernos para indicarles su satisfacción o su descontento. Por ejemplo, el gobierno y el Parlamento griegos, habiendo comprendido finalmente el mensaje recibido, adoptaron un plan de austeridad de choque que hará pagar la crisis a los de abajo. Pero los  dioses siguen descontentos con el comportamiento de Irlanda, de Portugal, de España. Sus gobiernos también deberán llevar como ofrendas importantes medidas antisociales.

Sacrificios en el altar

Los lugares donde los dioses abruman con la manifestación de sus humores están en Nueva York, en Wall Street, en la City de Londres, en las Bolsas de París, de Frankfurt y de Tokio. Para medir su satisfacción se inventaron instrumentos que llevan nombres como de Dow Jones en Nueva York, Dax en Frankfurt, IBEX en España. Para granjearse la benevolencia de los dioses, los gobiernos sacrifican los sistemas de seguridad social en el altar de la Bolsa, y además privatizan.

Valdría la pena preguntarse por qué a estos simples operadores se les ha otorgado esta dimensión religiosa. Ellos no son ni desconocidos ni meros espíritus. Tienen nombre y domicilio: son los principales dirigentes de las 200 transnacionales más grandes que dominan la economía mundial con la ayuda del G7 y la complacencia del G20, y de instituciones tales como el FMI –que volvió al centro del escenario gracias a la crisis después de haber pasado un tiempo en el purgatorio. También actúan el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio. Aunque ésta no esté en su mejor momento, nadie sabe si, de nuevo, puede ser la elegida de los dioses. Los gobiernos abandonan los medios de control que tenían sobre los mercados financieros. Dominados por los inversores institucionales (grandes bancos, fondos de pensiones, compañías de seguros, hedge funds,…), los gobiernos les donaron o prestaron billones de dólares para que pudieran cabalgar de nuevo, después del desastre de 2007-2008. El Banco Central Europeo, la Reserva Federal estadounidense, el Banco de Inglaterra prestan diariamente, con un tipo de interés inferior a la inflación, enormes capitales que los inversores institucionales se apresuran a utilizar especulando contra el euro, contra las tesorerías de los estados, en el mercado de bienes primarios…

Actualmente, el dinero puede atravesar fronteras sin ningún control ni imposición fiscal. En el mercado de divisas, cada día circulan en el mundo cuatro billones de dólares que se saltan las fronteras. Sólo menos del 2% de esta suma se utiliza directamente en el comercio mundial o en inversiones productivas. Más del 98% restante se dedica a operaciones especulativas, en especial sobre las monedas, los títulos de la deuda, las materias primas o los alimentos.

Debemos terminar con la trivialización de esta lógica de la muerte. Se necesita crear una nueva disciplina financiera, expropiar a este sector y ponerlo bajo el control social, gravar con fuertes impuestos a los inversores institucionales que primero provocaron la crisis y después se aprovecharon de ella, auditar y anular las deudas públicas ilegítimas, instaurar una reforma fiscal redistributiva, reducir radicalmente el tiempo de trabajo con el fin de poder contratar masivamente, pero sin disminuir los salarios, etc. En dos palabras, comenzar a poner en marcha un programa fundamentalmente laico. En resumen, anticapitalista.

martes, 12 de junio de 2012

Destrucción masiva


El siguiente texto está extraído del libro de Jean Ziegler, Destrucción masiva. Geopolítica del hambre. Ed. Península, 2012. (Págs. 163-169).

Un estudio de Oxfam demostró que en todos los lugares donde el FMI aplicó, a lo largo del decenio 1990-2000, un plan de ajuste estructural, millones de nuevos seres humanos fueron precipitados al abismo del hambre. La razón es simple: el FMI está precisamente a cargo de la administración de la deuda externa de los 122 países llamados del Tercer Mundo, que se elevaba el 31 de diciembre de 2010 a 2,1 billones de dólares.
Para atender a los intereses y los tramos de amortización de su deuda ante los bancos acreedores o el FMI, el país deudor necesita divisas. Los grandes bancos acreedores se niegan evidentemente a ser pagados en gurdas haitianas, en bolivianos o en tugrik mongoles.
¿Cómo puede un país pobre del sur de Asia, de los Andes o del África negra conseguir las divisas necesarias? Exportando bienes manufacturados o materias primas que le serán pagadas en divisas. De los 54 países que hay en África, 37 son casi enteramente agrícolas.
Periódicamente, el FMI concede a los países sobreendeudados una moratoria temporal o una refinanciación de su deuda. A condición de que el país sobreendeudado se someta al llamado plan de ajuste estructural. Todos esos planes implican la reducción, en los presupuestos, de los gastos de sanidad y de escolaridad la supresión de las subvenciones a los alimentos básicos y de la ayuda a las familias menesterosas.
Los servicios públicos son las primeras víctimas de los planes de ajuste estructural. De ese modo, miles de funcionarios -enfermeras, maestros y demás empleados de los servicios públicos- han sido despedidos en los países sometidos a un ajuste estructural del FMI.
En Níger el FMI exigió la privatización de la Oficina Nacional Veterinaria. A partir de entonces, los ganaderos deben pagar precios exorbitantes por las vacunas, las vitaminas y los antiparásitos que necesitan para tratar sus animales.
¿Con qué consecuencias? Decenas de miles de familias perdieron sus rebaños. Actualmente vegetan por los barrios de chabolas de las grandes ciudades costeras: en Cotonou, Dakar, Lomé y Abiyán.
Allí donde se abate el FMI, los campos de mandioca, arroz y mijo se encojen. La agriocultura hortícola muere. El FMI exige la extensión de los campos de cultivo colonial, cuyos productos –algodón, cacahuete, café, té, cacao, etc.- podrán exportarse en el mercado mundial y aportar divisas, destinadas a su vez al servicio de la deuda.
La segunda tarea del FMI consiste en abrir los mercados de los países del sur a las sociedades transcontinentales privadas de la alimentación. Por eso, en el hemisferio sur, el librecambio lleva la máscara repugnante de la hambruna y la muerte. Examinemos aquí algunos ejemplos:
Haití es en la actualidad el país más miserable de Latinoamérica y el tercer país más pobre del mundo. El arroz constituye allí el alimento básico.
Al comienzo de la década de 1980 Haití era autosuficiente en arroz.
Trabajando en terrazas y en llanuras mojadas, los campesinos autóctonos estaban protegidos del dumping extranjero por un muro invisible: un arancel aduanero del 30% gravaba el arroz importado.
Pero en el curso de la década de 1980, Haití sufrió dos planes de ajuste estructural.
Bajo la imposición del FMI, el arancel aduanero protector se redujo del 30 al 3%. Fuertemente subvencionado por Washington, el arroz estadounidense invadió entonces las ciudades y las aldeas haitianas, destruyó la producción nacional y, por consiguiente, la existencia social de cientos de miles de arroceros.
Entre 1985 y 2004, las importaciones en Haití de arroz extranjero, fundamentalmente estadounidense y cuya producción está fuertemente subvencionada por ese Gobierno, pasaron de 15000 a 350000 toneladas anuales. Simultáneamente, la producción arrocera local se desplomó, pasando de 124000 a 73000 toneladas.
Desde comienzos de la década de 2000, el Gobierno haitiano tuvo que gastar algo más del 80% de sus escasos ingresos para pagar sus importaciones de alimento. Y la destrucción del cultivo de arroz provocó un éxodo rural masivo. La superpoblación de Puerto Príncipe y de las otras grandes ciudades del país conllevó la desintegración de los servicios públicos.
En pocas palabras, toda la sociedad haitiana se vio trastornada, debilitada y más vulnerable todavía que antes bajo el efecto de esta política neoliberal. Y Haití se convirtió en un Estado mendigo, que padece la ley del extranjero.
Golpes de Estado y crisis sociales se han venido sucediendo desde entonces a lo largo de los veinte últimos años.
En tiempos normales, los 9 millones de haitianos consumen 320.000 toneladas de arroz anuales. Cuando, en 2008, los precios mundiales del arroz de triplicaron, el Gobierno no pudo importar suficiente alimento. Entonces empezó a merodear el hambre por Cité Soleil.
Desde la década de 1990, Zambia padeció toda una serie de planes de ajuste estructural. Las consecuencias sociales y alimentarias para la población fueron, evidentemente, catastróficas.
A comienzo de la década de 1980, el Estado zambiano subvencionaba el consumo de maíz, el alimento básico de sus habitantes, en un 70%. Los  productores también eran subvencionados. La venta en el mercado interior y las exportaciones hacia Europa las regulaba una oficina de Estado Marketing Board.
Las subvenciones sumadas, a los consumidores y a los productores, absorbían poco más del 20% del presupuesto del Estado. Todo el mundo tenía suficiente para comer.
El FMI impuso una reducción, y luego la abolición, de las subvenciones. Suprimió igualmente las subvenciones estatales para la compra de abono, semillas y pesticidas. Las escuelas y los hospitales –gratuitos hasta entonces. Se volvieron de pago. ¿Cuáles fueron las consecuencias?
En el campo y en los desfavorecidos barrios urbanos, las familias se vieron obligadas a no hacer más que una comida diaria. La agricultura hortícola empezó a hundirse, ya que había sido privada de abono y semillas seleccionadas.
Para sobrevivir, los campesinos vendieron sus animales de labor, lo que supuso un nuevo descenso de la productividad. Muchos de ellos tuvieron que abandonar su tierra y alquilar su fuerza de trabajo como jornaleros agrícolas.
Entre 1990 y 1997 el consumo de maíz cayó un 25%. Resultado, la tasas de mortalidad infantil se disparó. Los informes del FMI ponen de manifiesto un satisfecho candor: “A la larga, el plan va a mejorar el acceso a los recursos y aumentar los ingresos de las poblaciones. Aunque a corto plazo, reduzca el consumo de alimentos” (FMI, 1998).
Al nivel del propio Estado, los planes de ajuste sucesivos han tenido consecuencias desastrosas. Se suprimieron los aranceles aduaneros protectores de la industria nacional, y la mayoría de los sectores públicos se privatizaron. La revisión del Employment and Land Act provocó la disolución de los servicios de protección social, la libertad sindical y el derecho al salario mínimo garantizado.
Siguió la expulsión masiva de los habitantes de sus viviendas, el paro en masa y el aumento desmedido de los precios de los alimentos básicos.
Los burócratas del FMI tienen mucho sentido del humor. En las conclusiones de su informe, celebran el hecho de que, durante el período 1991-1997, la desigualdad entre las condiciones de vida de la población urbana y las de la población rural hayan disminuido fuertemente. ¿Por qué? Porque la miseria en el medio urbano aumentó de forma dramática, equiparándose con la del campo…
Dejando aparte a Etiopía, Ghana es el primer país del África subsahariana en haber arrancado su independencia en 1957.
En 1970, unos ochocientos mil productores locales suministraban la totalidad del arroz consumido en Ghana. En 1980, el FMI golpeó por primera vez: el arancel aduanero, protector del arroz, se redujo al 20%, y luego se redujo más.
El FMI exigió entonces que el Estado suprimiera todas las subvenciones pagadas a sus campesinos para facilitarles la compra de pesticidas, abonos minerales y semillas.
En la actualidad, Ghana importa más del 70% del arroz consumido en el país. El Marketing Board, la oficina nacional de comercialización de los productos agrícolas fue suprimida. Ahora son las sociedades privadas las que se ocupan de las exportaciones. En 2010, Ghana pagó más de 400 millones de dólares para financiar su alimento importado.




viernes, 30 de marzo de 2012

Amnistia fiscal. Sin palabras

"Nosotros no vamos a apoyar la amnistia fiscal. Porque los que pagan van a pagar más, y a los que no pagan se les va a perdonar lo que no han pagado, después de lo que se le ha hecho a los pensionistas,  a los funcionarios, y después de que en España haya 4 millones y medio de personas que no pueden trabajar, queriéndolo"(Rajoy, mayo de 2010).






miércoles, 14 de marzo de 2012

La OCDE también lo sabe


Los economistas liberales también aplican la trilogía mística desregularización-eficiencia-prosperidad a la negociación colectiva. “La desregulación es la única solución a los problemas de desocupación”, este es su mensaje con respecto al mercado laboral. En la reforma liberal de la negociación colectiva el objetivo de la desregularización es conseguir que ninguna empresa se vea obligada por ningún acuerdo colectivo con los trabajadores. El mercado laboral debe funcionar sin restricciones, los trabajadores deben considerarse como mercancías en un mercado competitivo y el salario sólo es un precio de mercado. En esta línea, la reciente reforma laboral en España establece que las condiciones de trabajo acordadas en los convenios colectivos pueden dejar de aplicarse en aquellas empresas en las que “concurran causas económicas técnicas, organizativas o de producción”.
Más allá de las posiciones ideológicas, los argumentos económicos en los que apoyar este tipo de reformas son muy débiles. La desregulación de los mercados laborales no garantiza ningún beneficio económico para la sociedad en su conjunto. ¿Es algo que desconozca la derecha económica? Parece que no.

En 2004 la OCDE se planteaba (OCDE Employment Outlook, Chapter 3, Wage-setting institutions and outcomes) valorar el efecto del entorno institucional (porcentajes de afiliación sindical, cobertura de los convenios, niveles de centralización y coordinación de las negociaciones salariales) en la determinación de los salarios.

Concretamente, la OCDE intentaba demostrar que la institucionalización de la negociación salarial podía ser responsable de:
(1)    Menores tasas de empleo y una mayor desigualdad salarial.
(2)    Menor moderación salarial.
(3)    La reducción de las perspectivas de empleo de los jóvenes, las mujeres o los trabajadores con menos educación.

Sin embargo, lo que demuestra es, en primer lugar, que la participación de los salarios en la renta ha disminuido en las últimas décadas en los países de la OCDE:




Y, en segundo lugar, que también la desigualdad de los salarios había aumentado:



En relación a la desregulación de las negociaciones colectivas, la única conclusión (contrastada con datos económicos) a la que llega el estudio de la OCDE es que descentralizar los convenios y permitir el descuelgue de las empresas de los convenios sectoriales incrementa la desigualdad de los salarios. La OCDE no detecta ninguna asociación entre los indicadores de negociación salarial y el crecimiento de los salarios reales y tampoco detecta que un mayor nivel de regulación del mercado laboral afecte a las tasas de paro.

La OCDE quería demostrar que la institucionalización de la negociación colectiva era culpable de algunos aspectos negativos del mercado laboral. Realmente, debe ser difícil demostrar que la caída de la participación de los salarios en la renta generada y la mayor desigualdad en la distribución de los salarios se resuelve desregularizando los convenios.
Una lectura más detallada de los principales resultados del estudio de la OCDE se puede obtener en el documento adjunto.

sábado, 3 de marzo de 2012

Será por mentiras




Vicenç Navarro publicaba hace poco un artículo sobre las falacias que se escriben y/o se dicen sobre salarios y competitividad en España. La reciente reforma laboral se ha justificado con una larga lista de mentiras y fraudes teóricos por parte de políticos y economistas bien financiados . A finales de enero, en una entrevista en el El País (25 enero 2012) Merkel declaraba:


Para justificar la reforma laboral se ha argumentado su interés para las clases trabajadoras y, especialmente, los parados. En el caso español, un argumento que se ha empleado reiteradamente ha sido la necesidad de facilitar el acceso al empleo  de los más jóvenes, resaltando la altísima tasa de paro juvenil español (46,4% en 2011). Según este argumento, el desmesurado paro juvenil sería una consecuencia del fraccionamiento del mercado laboral español entre contratados temporal o indefinidamente.
Este tipo de afirmación se realiza ajena tanto a la lógica como a la información disponible. Una sencilla gráfica que relaciona las tasas de paro juvenil (de 15 a 24 años) y la de los mayores de 25 años de países de la UE (fuente Eurostat; datos correspondientes al año 2010) muestra que el valor de la tasa de paro juvenil es proporcional a la tasa de paro de los mayores de 25 años.


La gráfica muestra la existencia de una relación positiva entre las dos tasas de paro en los países de la UE. Para el conjunto de la UE-25, la tasa de paro juvenil multiplica por 2,54 la tasa de paro de los mayores de 25 años (1,48 veces en el caso alemán; 2,31 en España; 3,24 en Finlandia; 3,38 en el Reino Unido; 4,27 en Suecia). La importancia del paro juvenil en España, no puede, por tanto, asociarse a un factor particular de la economía española. Al contrario, la proporción entre la tasa de paro juvenil y la correspondiente a los mayores de 25 años tiene un valor intermedio en el contexto de la Unión Europea. La diversa regulación laboral de las economías de la UE anularía el argumento de que la mayor tasa de paro entre los jóvenes se explica por una legislación inconveniente. Las mayores tasas de paro en los trabajadores más jóvenes deben encontrarse en causas distintas a la regulación del mercado.
Una imagen parecida se observa a nivel regional para las comunidades autónomas españolas. En este caso (fuente: EPA-INE, datos del IV trimestre de 2011) la relación entre las tasas de paro juveniles y las tasas de los mayores de 25 años (con un factor medio de proporcionalidad igual a 2,03 veces) es algo menor que la obtenida con los datos de la UE. La distinta fuente y periodo de los datos empleados explicaría esta discrepancia, pero lo que resulta relevante es la existencia de la misma relación positiva, en un entorno regional que básicamente comparte la misma legislación laboral.  Curiosamente, Canarias y Andalucía, las comunidades con mayor tasa de paro, presentan tasas de paro juveniles que multiplican por 1,7 y 1,6 veces, respectivamente, la tasa de paro de los mayores de 25, valores similares al obtenido para la economía alemana en el año 2010 (1,48).



Es posible que la entrada de los jóvenes  en el mercado laboral se vea dificultada por la escasa generación de nuevos empleos, por su menor o nula experiencia laboral o por su mayor disposición a no aceptar salarios arbitrarios; también es posible que la tasa de paro juvenil se alimente del despido de trabajadores que ya han entrado de manera precaria en el mercado laboral,  o incluso a los menores costes de despido. Lo que no parece creíble es que sea responsabilidad de una legislación laboral poco flexible. La afirmación de Merkel, como muchas de las realizadas por los defensores de la precarización del mercado laboral, se realiza al margen de cualquier análisis objetivo, empleando argumentos que no se sostienen en datos económicos reales.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Los 10 mandamientos de la manipulación mediática (atribuidos a Noam Chomsky)

"De acuerdo con su significado habitual, una sociedad es democrática si el pueblo puede participar significativamente en el manejo de sus propios asuntos, Pero el significado doctrinal es diferente; se refiere al sistema en que las decisiones son tomadas por influyentes sectores de la economía y de las élites relacionadas. La población sólo es "espectadora de la acción" y no "participante". Se le permite ratificar las decisiones de sus superiores y prestar su apoyo a unos u otros de ellos, pero no interferir en asuntos como la política, que no son de su incumbencia.

En cualquier caso, siempre hay un grupo que ostenta el verdadero poder, No es un gran secreto dónde radica ese poder. Reside en manos de personas que determinan las inversiones, qué se produce y qué se distribuye. Ocupan cargos a lo largo y ancho del gobierno, escogen a los analistas y programadores de la política, e imponen las condiciones generales que rigen el sistema doctrinal" (Noam Chomsky; Las intenciones del Tío Sam).
Diez estrategias de manipulación mediática (atribuidas a Noam Chomsky)