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miércoles, 14 de marzo de 2012

La OCDE también lo sabe


Los economistas liberales también aplican la trilogía mística desregularización-eficiencia-prosperidad a la negociación colectiva. “La desregulación es la única solución a los problemas de desocupación”, este es su mensaje con respecto al mercado laboral. En la reforma liberal de la negociación colectiva el objetivo de la desregularización es conseguir que ninguna empresa se vea obligada por ningún acuerdo colectivo con los trabajadores. El mercado laboral debe funcionar sin restricciones, los trabajadores deben considerarse como mercancías en un mercado competitivo y el salario sólo es un precio de mercado. En esta línea, la reciente reforma laboral en España establece que las condiciones de trabajo acordadas en los convenios colectivos pueden dejar de aplicarse en aquellas empresas en las que “concurran causas económicas técnicas, organizativas o de producción”.
Más allá de las posiciones ideológicas, los argumentos económicos en los que apoyar este tipo de reformas son muy débiles. La desregulación de los mercados laborales no garantiza ningún beneficio económico para la sociedad en su conjunto. ¿Es algo que desconozca la derecha económica? Parece que no.

En 2004 la OCDE se planteaba (OCDE Employment Outlook, Chapter 3, Wage-setting institutions and outcomes) valorar el efecto del entorno institucional (porcentajes de afiliación sindical, cobertura de los convenios, niveles de centralización y coordinación de las negociaciones salariales) en la determinación de los salarios.

Concretamente, la OCDE intentaba demostrar que la institucionalización de la negociación salarial podía ser responsable de:
(1)    Menores tasas de empleo y una mayor desigualdad salarial.
(2)    Menor moderación salarial.
(3)    La reducción de las perspectivas de empleo de los jóvenes, las mujeres o los trabajadores con menos educación.

Sin embargo, lo que demuestra es, en primer lugar, que la participación de los salarios en la renta ha disminuido en las últimas décadas en los países de la OCDE:




Y, en segundo lugar, que también la desigualdad de los salarios había aumentado:



En relación a la desregulación de las negociaciones colectivas, la única conclusión (contrastada con datos económicos) a la que llega el estudio de la OCDE es que descentralizar los convenios y permitir el descuelgue de las empresas de los convenios sectoriales incrementa la desigualdad de los salarios. La OCDE no detecta ninguna asociación entre los indicadores de negociación salarial y el crecimiento de los salarios reales y tampoco detecta que un mayor nivel de regulación del mercado laboral afecte a las tasas de paro.

La OCDE quería demostrar que la institucionalización de la negociación colectiva era culpable de algunos aspectos negativos del mercado laboral. Realmente, debe ser difícil demostrar que la caída de la participación de los salarios en la renta generada y la mayor desigualdad en la distribución de los salarios se resuelve desregularizando los convenios.
Una lectura más detallada de los principales resultados del estudio de la OCDE se puede obtener en el documento adjunto.

sábado, 3 de marzo de 2012

Será por mentiras




Vicenç Navarro publicaba hace poco un artículo sobre las falacias que se escriben y/o se dicen sobre salarios y competitividad en España. La reciente reforma laboral se ha justificado con una larga lista de mentiras y fraudes teóricos por parte de políticos y economistas bien financiados . A finales de enero, en una entrevista en el El País (25 enero 2012) Merkel declaraba:


Para justificar la reforma laboral se ha argumentado su interés para las clases trabajadoras y, especialmente, los parados. En el caso español, un argumento que se ha empleado reiteradamente ha sido la necesidad de facilitar el acceso al empleo  de los más jóvenes, resaltando la altísima tasa de paro juvenil español (46,4% en 2011). Según este argumento, el desmesurado paro juvenil sería una consecuencia del fraccionamiento del mercado laboral español entre contratados temporal o indefinidamente.
Este tipo de afirmación se realiza ajena tanto a la lógica como a la información disponible. Una sencilla gráfica que relaciona las tasas de paro juvenil (de 15 a 24 años) y la de los mayores de 25 años de países de la UE (fuente Eurostat; datos correspondientes al año 2010) muestra que el valor de la tasa de paro juvenil es proporcional a la tasa de paro de los mayores de 25 años.


La gráfica muestra la existencia de una relación positiva entre las dos tasas de paro en los países de la UE. Para el conjunto de la UE-25, la tasa de paro juvenil multiplica por 2,54 la tasa de paro de los mayores de 25 años (1,48 veces en el caso alemán; 2,31 en España; 3,24 en Finlandia; 3,38 en el Reino Unido; 4,27 en Suecia). La importancia del paro juvenil en España, no puede, por tanto, asociarse a un factor particular de la economía española. Al contrario, la proporción entre la tasa de paro juvenil y la correspondiente a los mayores de 25 años tiene un valor intermedio en el contexto de la Unión Europea. La diversa regulación laboral de las economías de la UE anularía el argumento de que la mayor tasa de paro entre los jóvenes se explica por una legislación inconveniente. Las mayores tasas de paro en los trabajadores más jóvenes deben encontrarse en causas distintas a la regulación del mercado.
Una imagen parecida se observa a nivel regional para las comunidades autónomas españolas. En este caso (fuente: EPA-INE, datos del IV trimestre de 2011) la relación entre las tasas de paro juveniles y las tasas de los mayores de 25 años (con un factor medio de proporcionalidad igual a 2,03 veces) es algo menor que la obtenida con los datos de la UE. La distinta fuente y periodo de los datos empleados explicaría esta discrepancia, pero lo que resulta relevante es la existencia de la misma relación positiva, en un entorno regional que básicamente comparte la misma legislación laboral.  Curiosamente, Canarias y Andalucía, las comunidades con mayor tasa de paro, presentan tasas de paro juveniles que multiplican por 1,7 y 1,6 veces, respectivamente, la tasa de paro de los mayores de 25, valores similares al obtenido para la economía alemana en el año 2010 (1,48).



Es posible que la entrada de los jóvenes  en el mercado laboral se vea dificultada por la escasa generación de nuevos empleos, por su menor o nula experiencia laboral o por su mayor disposición a no aceptar salarios arbitrarios; también es posible que la tasa de paro juvenil se alimente del despido de trabajadores que ya han entrado de manera precaria en el mercado laboral,  o incluso a los menores costes de despido. Lo que no parece creíble es que sea responsabilidad de una legislación laboral poco flexible. La afirmación de Merkel, como muchas de las realizadas por los defensores de la precarización del mercado laboral, se realiza al margen de cualquier análisis objetivo, empleando argumentos que no se sostienen en datos económicos reales.

miércoles, 25 de enero de 2012

Un pacto salarial para el empobrecimiento de los trabajadores



El siguiente texto ha sido extraído del libro
Crisis de un capitalismo patrimonial y parasitario
Francisco Rodríguez Ortiz
Editorial Catarata, 2010.

"Cuando las autoridades comunitarias, los poderes políticos nacionales o el Banco Central Europeo (BCE) invocan la necesidad de unas mayores reformas estructurales para salir de la crisis actual, centran su discurso sobre la intensificación de las varias modalidades de flexibilidad regresiva en el mercado de trabajo, pese a que está sometido a cambios permanentes desde los años ochenta. Compaginar el retorno del crecimiento con la creación de empleo supondría una mayor flexibilidad laboral y salarial y un menor nivel de gasto social. Se cuestionan los pilares del modelo social europeo, especificidad destacada en el proceso de integración y dique de contención contra la crisis.
Pese a las continuas reformas, siguen siendo legión aquellos que opinan, desde las esferas del poder económico y político, que la inercia mostrada por los países de la zona euro provendrían de un exceso de intervencionismo (reglas y gasto público), de la existencia de mercados insuficientemente flexibles, así como del carácter “exagerado” de la protección social. Todo ello generaría una situación en la que el crecimiento real sería inferior al crecimiento potencial y requeriría ahondar en las reformas del mercado de trabajo para dotar a Europa de mayor productividad y competitividad. Se han alterado las prioridades del propio proceso de integración. En lugar de ser percibida la integración europea como un factor de crecimiento y de progreso social, pasa a ser utilizada, en tanto que parte central del proceso de mundialización, como coartada para emprender unos ajustes económicos regresivos. Pensada como fin en lugar de como medio, la moneda única tiende a generar unos ajustes socioeconómicos tanto más regresivos cuanto que se sustenta sobre una concepción reduccionista de la competitividad-precios y de los precios-salarios, lo cual conlleva la “necesidad” de mantener el paro a un nivel elevado, acudir a las formas más arcaicas de flexibilidad laboral y/o cuestionar el acervo social y desembocar en un menor crecimiento y en un ajuste económico de tipo deflacionista. La Europa de la moneda única es vivida cada vez más como un elemento de restricción económica y de sometimiento de la política a una lógica de mercado. Es más, según Blanchard, las cesiones de competencia en el ámbito comunitario serían una coartada perfecta y favorecerían que los gobiernos, sometidos a la tiranía democrática de las elecciones, emprendieran reformas estructurales del mercado de trabajo y de las instituciones de la protección social.
Los países europeos han potenciado, con anterioridad a la crisis, la estrategia no cooperativa de la desinflación competitiva. En lugar de ser monetaria, como en los años noventa, ha pasado a ser principalmente salarial y fiscal. Y todo apunta a que pretenden salir de la crisis añadiendo más restricciones en torno a la evolución de los salarios de los trabajadores de los países centrales. Estando sometida una parte creciente de la población a las adversidades del paro y de la precariedad laboral, habiéndose de desendeudarse y al no beneficiarse ya de un ficticio efecto riqueza, son muchas las incertidumbres que se ciernen sobre la evolución de la demanda. Al haberse agotado la posibilidad de dar continuidad a la misma, vía endeudamiento, no se antoja la mayor restricción salarial como la mejor alternativa para salir de una crisis que no sólo es financiera, con tendencia a apaciguarse, sino que se solapa con una crisis clásica de tipo keynesiano de insuficiencia de demanda solvente.
Los países europeos han primado la moderación salarial para contener la inflación, elevar la rentabilidad del capital y mejorar la retribución del accionista. Así , pese a que las partes más altas de las rentas salariales han mejorado al concederles muchas ventajas (stock options, primas de rendimiento, ventajas en especie, etc.), la parte de los salarios respecto al PIB ha disminuido en todos los países de la eurozona entre 1999 y 2007.
La moderación salarial pasaba a ser la única herramienta de política económica que les restaba a los países miembros de la eurozona toda vez que ya no podía depreciar su tipo de cambio, rebajar los tipos de interés o habían de perseguir el equilibrio presupuestario. Esta necesidad de una mayor restricción salarial se veía agudizada por la creciente competencia de los países emergentes y por el endurecimiento de la competencia intracomunitaria. Así, por ejemplo, Alemania ha apostado por el estancamiento de los salarios nominales, el recorte de las pensiones y la reforma fiscal del IVA, y de las cuotas patronales a la seguridad social. La subida de los tipos del IVA en Alemania puede ser interpretada como una política competitiva no cooperativa en Europa. No sólo se persigue elevar la recaudación fiscal y reducir el déficit público, sino que se pretende también mermar la competitividad de los productos importados en Alemania (equivalente dicha subida a un incremento de los impuestos a la importación), sin que ello tenga alcance alguno sobre los precios a la exportación. Además, al trasladarse, por lo menos parcialmente, esta subida de los tipos IVA a una rebaja de las cotizaciones a la seguridad social, los costes de producción eran recortados y mejoraba la competitividad de los productos alemanes. La economía alemana viene concediendo la primacía a la conquista de los mercados exteriores respecto del impulso de la demanda interna. Su elección competitiva no cooperativa contribuye a debilitar la intensidad del crecimiento en sus principales socios comerciales europeos.
Las empresas, una vez extraídas las consecuencias más perniciosas del exceso  apalancamiento financiero, se verán llevadas a recortar sus niveles de inversión, tanto más cuanto que la demanda interna es débil y seguirán proclives a profundizar en las deslocalizaciones. Las estructuras industriales europeas van a mostrar una cierta tendencia al anquilosamiento, tanto más cuanto que la estrategia de desinflación competitiva busca una mejora inmediata de la competitividad en términos de precios y de costes y no crea incentivos para la innovación.
Las desinflaciones salarial y social derivan pues de una concepción de la integración y de la competitividad que no estimula la cooperación, sino la competencia entre Estados miembros. A esto se le viene a añadir otro problema: lo que podría ser relativamente válido en el seno de los Estados miembros ha dejado de serlo en el seno de la Unión Monetaria Europea. Al ser limitados los intercambios de la zona euro con el resto del mundo, el dinamismo del crecimiento depende fundamentalmente de la demanda interna. La moderación salarial generalizada, en un contexto creciente de incertidumbre económica y de tendencia creciente al desendeudamiento de las familias, contribuye a desalentar dicha demanda.
En una pequeña economía, la demanda extranjera dirigida a los países es muy elástica respecto del precio. Al constituir en general más del 60% del PIB, una política de competitividad-coste resulta muy eficaz para un pequeño país. Pero, por razones simétricas, resulta de escasa eficacia en un país grande. La zona euro está abierta al comercio mundial en un 15% de su PIB y la demanda del exterior es muy poco elástica respecto a los precios. He ahí el motivo por el cual la política de competitividad-precio de Alemania no ha desembocado en un incremento significativo de la demanda mundial dirigida a la zona euro. Por el contrario, ha hecho perder partes de mercado en Europa a los grandes países europeos, España, Italia y Francia.
De proseguir Europa con el dogma de una política monetaria aferrada a la estabilidad de precios, la estabilidad presupuestaria y con el discurso de la ineficiencia del gasto social excesivo –que actúa como colchón ante los embates de la crisis, las desigualdades asociadas al proceso de integración europea sólo podrán aumentar y se acentuará el ajuste macroeconómico centrado en las reformas regresivas de las instituciones del mercado de trabajo. Es más, se puede hasta pensar que la coyuntura adversa va a ser aprovechada para reafirmar la necesidad de dotar a largo plazo las políticas macroeconómicas de un sesgo más restrictivo y para presentar como inevitable la adopción de reformas estructurales que acabarán ahondando en las desigualdades sociales, descafeinando aquellas trabas institucionales (subsidio de desempleo, salario mínimo, protección jurídica del empleo, …) que impedirían un funcionamiento “libre” y “eficiente” del mercado de trabajo. Los Gobiernos, los poderes económicos y sus turiferarios académicos aprovechan la coyuntura como coartada perfecta para culminar unas reformas estructurales que vienen persiguiendo desde largo tiempo y que reduce a mito la Europa social."
(Extractos de las págs. 45-56)

lunes, 2 de enero de 2012

¿Por qué se congela el Salario Mínimo Interprofesional (SMI)?

En el año 2011 el SMI en España era de 641,4 euros mensuales (14 pagas anuales), y aunque en términos nominales era superior al de años anteriores, su valor real ya era claramente inferior al del año anterior (633,3 euros nominales). Entre las primeras medidas del nuevo gobierno de la derecha española se encuentra la congelación en 2012 del SMI en los mismos 641,4 euros. Una medida que contribuye a una política salarial dirigida al empobrecimiento de los trabajadores españoles. El valor actual del SMI podría considerarse bajo, en el entorno de los países desarrollados, aunque no debe olvidarse que no todos los países europeos tienen este tipo de regulación (entre ellos, Alemania).




¿Cuál es el objetivo de la congelación del SMI? En el documento adjunto se discute cuál puede ser el efecto de la congelación del SMI sobre la distribución de los salarios de los trabajadores españoles (además del obvio de una nueva pérdida de valor del SMI en términos reales). Se emplean datos de los años 2004 a 2009, los únicos disponibles en el INE para realizar de manera homogénea esta comparación, pero que incluyen al menos un año en el periodo de crisis.
Las principales conclusiones del documento:
"En el año 2012, congelar el valor del SMI no tiene más propósito que facilitar la caída general de los salarios. Se trata, en primer lugar, de lograr que los trabajadores con menos capacidad negociadora cobren menos que lo que recibían en el año anterior. En segundo lugar, dado el papel de referencia que parece jugar el SMI en la determinación de los salarios de todo el conjunto de trabajadores, la medida tiene por objetivo que todos los salarios (sea cuál sea su valor en términos de SMI) disminuyan. De manera que la congelación del SMI se plantea como una herramienta más dirigida a la disminución de los salarios reales de todos los trabajadores.
El papel más importante del SMI es el de constituirse como una barrera de mínimo en la distribución de los salarios, determinando un salario mínimo vital, en el que estarían anclados alrededor del 10% de los trabajadores. Sin embargo, la frontera salarial que define el SMI empezaba ya en el año 2009 a ser arrollada por el mercado. En un momento en el que las políticas de la derecha económica tienen por objetivo la máxima disminución de los salarios, el SMI se convierte en una barrera legal a destruir. Aunque aún no se han atrevido a hacerla desaparecer, se trata de levantarla lo suficiente como para que los salarios negociados en el mercado laboral puedan seguir bajando sin impedimentos legales. Un pequeño movimiento más dentro del conjunto de políticas dirigidas a la pauperización de los asalariados".

martes, 27 de diciembre de 2011

Cuando se acaba la prestación por desempleo. Empieza la verdadera crisis.

En España, el número de perceptores de prestaciones contributivas por desempleo está disminuyendo desde los primeros meses de 2010. Esta disminución es una consecuencia de que cada vez más trabajadores agotan el período en el que tenían derecho a recibir este tipo de prestaciones. Su única alternativa es recibir la menor (y limitada en el tiempo) ayuda a los parados sin protección o recurrir, finalmente, a rentas de inserción.



¿Qué tipo de ayuda les espera?

Una vez agotado el periodo de prestación contributiva, el trabajador tiene derecho a alguna prestación asistencial, cuyas características dependen de diversos supuestos, esencialmente, la edad del trabajador (distinguiendo tres tramos de edad: menos de 45 años; 45 o más años y mayores de 52 años), el número de meses cotizados en los seis años anteriores, y si existen responsabilidades familiares (además de carecer de rentas individuales y familiares significativas). Esto determina la duración de la prestación y su cuantía pero, en general, la cuantía es de 426 euros/mes y la duración máxima variable (por ejemplo: seis meses para mayores de 45 años sin responsabilidades familiares; 24 meses para menores de 45 años con responsabilidades familiares; hasta la jubilación para los mayores de 52 años, si no tiene derecho a subsidio). Finalmente, pueden acogerse al Plan Prepara, una prestación asistencial que sustituyó al PRODI (Plan temporal de protección por desempleo e inserción), que se dio por terminado en febrero de 2011. Esta ayuda la ha estado dando el Servicio de Empleo desde el 15 de Febrero de 2010 como salario a los cursos de formación que reciben los desempleados, se terminó el 15 de Agosto de 2011, y se prorrogó de nuevo por otros 6 meses más en dos ocasiones. Sólo se pueden beneficiar de esta prórroga los nuevos desempleados que terminen su prestación o subsidio entre el 16 de Agosto de 2011 y el 15 de Febrero de 2012, siempre que no se hayan beneficiado previamente del PRODI o de otro periodo del Plan Prepara. Supone una ayuda de 400 euros, como un salario para los cursos de formación, por un máximo de seis meses.
Adicionalmente, cuando el parado no tiene derecho a los anteriores subsidios y carece además de rentas, puede acogerse al programa de Renta Activa de Inserción, para personas mayores de 45 años, con más de un año en paro; su cuantía es la misma que la prestación asistencial, con una duración máxima de 11 meses.
No se trata sólo de una cuestión de ingresos. Pero también ésta es una cuestión destacable. La cuantía media bruta de los beneficiarios de una pensión contributiva era en 2011 de 862 euros (Fuente: Ministerio de Trabajo);  con una prestación asistencial, la cuantía normal es de 426 euros, o los 400 euros del Plan Prepara. Además, ni el Plan Prepara, ni la Renta Activa de Inserción dan cobertura a desempleados entre 30 y 45 años, sin responsabilidades familiares.

La tasa de cobertura de las prestaciones por desempleo

La tasa de cobertura de las prestaciones por desempleo se define como el número de beneficiarios de prestaciones por desempleo (contributivas, asistenciales, renta activa de inserción), respecto al número total de desempleados. Para realizar este cálculo puede tomarse como referencia número de desempleados recogido por el SEPE (parados registrados), o el número de desempleados según la EPA (que aproxima el verdadero desempleo). En la siguiente gráfica se muestra la evolución de ambas series. Puede observarse que la tasa de cobertura basada en las cifras de la EPA es en al año 2011 baja (57,82%, media de los tres primeros trimestres), disminuyendo además desde el año 2007, cuando alcanzó un máximo del 77,51%.


Detrás de esta disminución se encuentra una nueva composición de las prestaciones por desempleo. Ya se ha mostrado que el número de parados que reciben prestaciones contributivas ha disminuido desde el año 2010. Esto implicaría, en principio,  un aumento de las prestaciones por nivel asistencial. Pero también las prestaciones asistenciales han empezado a disminuir en el año 2011.
Esto implica que algunos desempleados dejan ya de percibir prestaciones asistenciales. En 2011, las prestaciones contributivas representan el 46,57% del total de prestaciones, las prestaciones asistenciales ya las superan, con un 47,06% del total, y aumenta el porcentaje de trabajadores que reciben la renta activa de inserción (alcanzando el 6,37% del total).
Prestaciones contributivas
Prestaciones asistenciales
Renta activa de inserción
Total
2001
45,59
53,71
0,70
100
2002
47,34
48,41
4,25
100
2003
52,25
46,40
1,35
100
2004
52,53
44,36
3,11
100
2005
53,04
43,12
3,83
100
2006
54,15
41,99
3,86
100
2007
54,89
40,50
4,61
100
2008
60,67
35,61
3,72
100
2009
60,60
35,84
3,56
100
2010
48,37
47,50
4,13
100
2011
46,55
47,18
6,26
100


Concluyendo
Desde principios de 2010 el número de perceptores de prestaciones de paro disminuye, y eso a pesar de que el número de parados no cesa de aumentar. Respecto a la situación social de los parados, la crisis ya ha superado dos puntos críticos. El primero, el momento en el que empieza a disminuir el número de parados que perciben prestaciones contributivas; el segundo, cuando (tras haber aumentado brutalmente) los parados con prestaciones asistenciales también empiezan a descender. Fuera de esto, sólo queda la renta mínima de inserción, una prestación que tiene como finalidad garantizar unos ingresos mínimos vitales (con importes progresivos a partir de 370 euros al mes y que varía según comunidades autónomas). El colectivo de desempleados sin prestaciones se está nutriendo de los parados de larga duración, y el incremento de este colectivo parece imparable. En el tercer trimestre de 2011, este colectivo suponía un porcentaje igual al 48% del total de parados. El perfil social de aquellos que se convierten en parados de larga duración es también preocupante. Respecto al perfil observado en la anterior etapa de crecimiento económico, en la actualidad, el parado de larga duración es de mayor edad, a la vez que deja de tener tanto peso el colectivo de mujeres. Su nivel de estudios es asimismo menos elevado, aumentando el peso de los trabajadores con estudios intermedios. Los datos sugieren que la pérdida de prestaciones está afectando a trabajadores que están en un momento maduro de su vida, con niveles de estudios bajos o medios y, posiblemente, definidos como sustentadores principales del hogar. En un momento en el que las familias se enfrentan a un elevado nivel de endeudamiento (principalmente consecuencia de la alta deuda hipotecaria), la situación de los parados españoles es en estos momentos explosiva.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Los miniempleos y el salario mínimo interprofesional

La principal razón del incremento de las exportaciones alemanas ha sido la congelación de los costes salariales durante los últimos años. No se trata de incrementos de productividad, ni de una mayor eficiencia, sino de la contención salarial. Como explicaba Rafael Poch en la Vanguardia, en Alemania “una de cada cuatro relaciones laborales está marcada por el subempleo y la precariedad. Si en 1995 el subempleo afectaba al 15% de la masa laboral, hoy lo hace casi al 25%: 7,3 millones de personas. Lo que para unos es un avance empresarial para "flexibilizar el mercado laboral", para otros es un eufemismo de degradación y desempleo encubierto”. El informe anual de la UNCTAD de 2010 realizaba una comparación de la evolución de salarios y empleo en Alemania y Francia, resaltando las consecuencias negativas sobre el consumo de la política salarial alemana.

El pasado agosto, el Banco Central Europeo envió una carta al gobierno español exigiéndole una “devaluación competitiva” de los salarios y la creación de una nueva categoría de empleos, con sueldos por debajo del salario mínimo interprofesional (SMI), los miniempleos o minijobs. Este tipo de contrato (una forma de trabajo a precario y a tiempo parcial) fue diseñado en Alemania en 1999, generalizándose a partir del año 2003, con las llamadas reformas "Hartz". La remuneración mensual máxima de un miniempleo es de 400 euros. El empresario abona el 2% a Hacienda y el 28% a la seguridad social: el 15% al seguro de pensiones y el 13% al seguro de enfermedad. La pensión resultante de un empleo de 400 euros asciende a menos de tres euros al mes por año trabajado. El trabajador o la trabajadora no disfruta, en contra de lo que sucede con los derechos laborales, de los mismos derechos que otorga una ocupación a jornada completa o con un salario superior a los 400,00€ mensuales.  Estos trabajos al no pagar cuotas al seguro de paro no generan derecho a la prestación por desempleo, tampoco se tiene derecho a la asistencia sanitaria.

En principio, se trataba de regular los empleos de carácter excepcional y regular el trabajo negro. Se facilitaba a las empresas la contratación flexible, con salarios bajos, teniendo como ventaja para el trabajador su inclusión en el seguro obligatorio de pensiones y el mantenimiento de alguno de sus derechos laborales (en caso de enfermedad tiene derecho a cobrar hasta seis semanas,  derecho a cuatro semanas de vacaciones pagadas, protección frente al despido).

Sin embargo, su puesta en práctica ha supuesto la extensión de este tipo de contrato más allá de su objetivo inicial. En la actualidad hay en Alemania 4,9 millones de personas exclusivamente ejerciendo un miniempleo y 2,4 millones que tienen un miniempleo como segunda ocupación., como consecuencia de este tipo de medidas, se ha generalizado la precariedad laboral y el subempleo. Consideran que ha sido uno de los elementos clave de la generalización de la precariedad laboral y el subempleo. Según la información de Rafael Poch en La Vanguardia,” si en 1995 el 15% de los empleados entraban en la categoría general de "trabajadores con sueldos bajos", hoy son casi el 25% de los empleados alemanes: 7,3 millones de personas, según el último recuento. Eso quiere decir que una de cada cuatro relaciones laborales está marcada por el sello de la precariedad en Alemania. Aunque tienen los mismos derechos que los trabajadores en régimen normal, los trabajadores de este segundo sector del mercado laboral cobran mucho menos”.

El salario mínimo interprofesional

El salario mínimo interprofesional (SMI) fija los ingresos mínimos que percibirá un trabajador, referido a la jornada legal de trabajo, sin distinción de sexo u edad de los trabajadores, sean fijos, eventuales o temporeros. En el año 2011 el SMI está situado en 641,4 euros mensuales (14 pagas anuales), y aunque en términos nominales es superior al de los años anteriores, al expresarse en euros constantes, se observa que su valor en términos de capacidad de compra ha disminuido.
El SMI actúa garantizando que el trabajador, aunque carezca de capacidad negociadora frente al empresario, reciba como mínimo unos ingresos socialmente pactados. La importancia del efecto del SMI sobre la estructura de ingresos puede ilustrarse sobre el histograma de ingresos de los asalariados. Empleando la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE, se pueden aproximar las distribuciones de los ingresos de los asalariados.  En las siguientes gráficas se muestran los histogramas de los ingresos salariales correspondientes a los años 2006 y 2010, señalándose el valor del SMI en cada año. El SMI define un nivel institucional, por debajo del cual no sería económica y socialmente posible realizar un contrato, actuando por tanto como una barrera al descenso de los salarios.
Según la Encuesta de Estructura Salarial (INE), en 2009 un 10,02% de los asalariados tenían unos ingresos iguales o inferiores al SMI. Este alto porcentaje confirma la importancia de su existencia como un obstáculo a una mayor degradación de los ingresos. Aunque el SMI afecta directamente a los trabajadores con menores ingresos, también actúa como una referencia para los siguientes segmentos de ingresos, especialmente para aquellos que reciben más de 1 y menos que tres veces el SMI.

¿Cuál sería en este contexto el efecto de los miniempleos?

El miniempleo se convierte en un nuevo salario mínimo de referencia, evitando la legislación algo más protectora del SMI. La única justificación “razonable” para proponer este contrato sería que permitiría nuevas contrataciones. Esto es, sin embargo, cuestionable. Su efecto inmediato será un mayor porcentaje de trabajadores recibiendo ingresos por debajo del SMI. Las experiencias anteriores del mercado laboral permiten deducir que contratos temporales o incluso algunos indefinidos pueden reconvertirse a este nuevo tipo de contratos. En Alemania, donde no existe el salario mínimo, entre 2001 y 2008 se han perdido 2,1 millones de empleos a jornada completa, mientras que se han creado 1,1 millones de empleos a tiempo parcial y medio millón de empleos provisionales en empresas de trabajo temporal (Fuente: Andy Robinson, La Vanguardia). Aún aceptando que se crearan nuevos empleos, la contratación en condiciones precarias y con salarios inferiores a los definidos por el SMI implicaría una nueva subclase entre los trabajadores, caracterizada por unas condiciones laborales calificables de superviviencia. Por último, el efecto de contención del SMI no sólo afecta directamente a los salarios más bajos, sino que supone un valor de referencia en la negociación de todos los salarios, de manera que la irrupción de un SMI virtual de menor valor tendería a reducir el conjunto de salarios y, especialmente, aquellos situados entre 1 y 2 veces el SMI.