martes, 12 de junio de 2012

Destrucción masiva


El siguiente texto está extraído del libro de Jean Ziegler, Destrucción masiva. Geopolítica del hambre. Ed. Península, 2012. (Págs. 163-169).

Un estudio de Oxfam demostró que en todos los lugares donde el FMI aplicó, a lo largo del decenio 1990-2000, un plan de ajuste estructural, millones de nuevos seres humanos fueron precipitados al abismo del hambre. La razón es simple: el FMI está precisamente a cargo de la administración de la deuda externa de los 122 países llamados del Tercer Mundo, que se elevaba el 31 de diciembre de 2010 a 2,1 billones de dólares.
Para atender a los intereses y los tramos de amortización de su deuda ante los bancos acreedores o el FMI, el país deudor necesita divisas. Los grandes bancos acreedores se niegan evidentemente a ser pagados en gurdas haitianas, en bolivianos o en tugrik mongoles.
¿Cómo puede un país pobre del sur de Asia, de los Andes o del África negra conseguir las divisas necesarias? Exportando bienes manufacturados o materias primas que le serán pagadas en divisas. De los 54 países que hay en África, 37 son casi enteramente agrícolas.
Periódicamente, el FMI concede a los países sobreendeudados una moratoria temporal o una refinanciación de su deuda. A condición de que el país sobreendeudado se someta al llamado plan de ajuste estructural. Todos esos planes implican la reducción, en los presupuestos, de los gastos de sanidad y de escolaridad la supresión de las subvenciones a los alimentos básicos y de la ayuda a las familias menesterosas.
Los servicios públicos son las primeras víctimas de los planes de ajuste estructural. De ese modo, miles de funcionarios -enfermeras, maestros y demás empleados de los servicios públicos- han sido despedidos en los países sometidos a un ajuste estructural del FMI.
En Níger el FMI exigió la privatización de la Oficina Nacional Veterinaria. A partir de entonces, los ganaderos deben pagar precios exorbitantes por las vacunas, las vitaminas y los antiparásitos que necesitan para tratar sus animales.
¿Con qué consecuencias? Decenas de miles de familias perdieron sus rebaños. Actualmente vegetan por los barrios de chabolas de las grandes ciudades costeras: en Cotonou, Dakar, Lomé y Abiyán.
Allí donde se abate el FMI, los campos de mandioca, arroz y mijo se encojen. La agriocultura hortícola muere. El FMI exige la extensión de los campos de cultivo colonial, cuyos productos –algodón, cacahuete, café, té, cacao, etc.- podrán exportarse en el mercado mundial y aportar divisas, destinadas a su vez al servicio de la deuda.
La segunda tarea del FMI consiste en abrir los mercados de los países del sur a las sociedades transcontinentales privadas de la alimentación. Por eso, en el hemisferio sur, el librecambio lleva la máscara repugnante de la hambruna y la muerte. Examinemos aquí algunos ejemplos:
Haití es en la actualidad el país más miserable de Latinoamérica y el tercer país más pobre del mundo. El arroz constituye allí el alimento básico.
Al comienzo de la década de 1980 Haití era autosuficiente en arroz.
Trabajando en terrazas y en llanuras mojadas, los campesinos autóctonos estaban protegidos del dumping extranjero por un muro invisible: un arancel aduanero del 30% gravaba el arroz importado.
Pero en el curso de la década de 1980, Haití sufrió dos planes de ajuste estructural.
Bajo la imposición del FMI, el arancel aduanero protector se redujo del 30 al 3%. Fuertemente subvencionado por Washington, el arroz estadounidense invadió entonces las ciudades y las aldeas haitianas, destruyó la producción nacional y, por consiguiente, la existencia social de cientos de miles de arroceros.
Entre 1985 y 2004, las importaciones en Haití de arroz extranjero, fundamentalmente estadounidense y cuya producción está fuertemente subvencionada por ese Gobierno, pasaron de 15000 a 350000 toneladas anuales. Simultáneamente, la producción arrocera local se desplomó, pasando de 124000 a 73000 toneladas.
Desde comienzos de la década de 2000, el Gobierno haitiano tuvo que gastar algo más del 80% de sus escasos ingresos para pagar sus importaciones de alimento. Y la destrucción del cultivo de arroz provocó un éxodo rural masivo. La superpoblación de Puerto Príncipe y de las otras grandes ciudades del país conllevó la desintegración de los servicios públicos.
En pocas palabras, toda la sociedad haitiana se vio trastornada, debilitada y más vulnerable todavía que antes bajo el efecto de esta política neoliberal. Y Haití se convirtió en un Estado mendigo, que padece la ley del extranjero.
Golpes de Estado y crisis sociales se han venido sucediendo desde entonces a lo largo de los veinte últimos años.
En tiempos normales, los 9 millones de haitianos consumen 320.000 toneladas de arroz anuales. Cuando, en 2008, los precios mundiales del arroz de triplicaron, el Gobierno no pudo importar suficiente alimento. Entonces empezó a merodear el hambre por Cité Soleil.
Desde la década de 1990, Zambia padeció toda una serie de planes de ajuste estructural. Las consecuencias sociales y alimentarias para la población fueron, evidentemente, catastróficas.
A comienzo de la década de 1980, el Estado zambiano subvencionaba el consumo de maíz, el alimento básico de sus habitantes, en un 70%. Los  productores también eran subvencionados. La venta en el mercado interior y las exportaciones hacia Europa las regulaba una oficina de Estado Marketing Board.
Las subvenciones sumadas, a los consumidores y a los productores, absorbían poco más del 20% del presupuesto del Estado. Todo el mundo tenía suficiente para comer.
El FMI impuso una reducción, y luego la abolición, de las subvenciones. Suprimió igualmente las subvenciones estatales para la compra de abono, semillas y pesticidas. Las escuelas y los hospitales –gratuitos hasta entonces. Se volvieron de pago. ¿Cuáles fueron las consecuencias?
En el campo y en los desfavorecidos barrios urbanos, las familias se vieron obligadas a no hacer más que una comida diaria. La agricultura hortícola empezó a hundirse, ya que había sido privada de abono y semillas seleccionadas.
Para sobrevivir, los campesinos vendieron sus animales de labor, lo que supuso un nuevo descenso de la productividad. Muchos de ellos tuvieron que abandonar su tierra y alquilar su fuerza de trabajo como jornaleros agrícolas.
Entre 1990 y 1997 el consumo de maíz cayó un 25%. Resultado, la tasas de mortalidad infantil se disparó. Los informes del FMI ponen de manifiesto un satisfecho candor: “A la larga, el plan va a mejorar el acceso a los recursos y aumentar los ingresos de las poblaciones. Aunque a corto plazo, reduzca el consumo de alimentos” (FMI, 1998).
Al nivel del propio Estado, los planes de ajuste sucesivos han tenido consecuencias desastrosas. Se suprimieron los aranceles aduaneros protectores de la industria nacional, y la mayoría de los sectores públicos se privatizaron. La revisión del Employment and Land Act provocó la disolución de los servicios de protección social, la libertad sindical y el derecho al salario mínimo garantizado.
Siguió la expulsión masiva de los habitantes de sus viviendas, el paro en masa y el aumento desmedido de los precios de los alimentos básicos.
Los burócratas del FMI tienen mucho sentido del humor. En las conclusiones de su informe, celebran el hecho de que, durante el período 1991-1997, la desigualdad entre las condiciones de vida de la población urbana y las de la población rural hayan disminuido fuertemente. ¿Por qué? Porque la miseria en el medio urbano aumentó de forma dramática, equiparándose con la del campo…
Dejando aparte a Etiopía, Ghana es el primer país del África subsahariana en haber arrancado su independencia en 1957.
En 1970, unos ochocientos mil productores locales suministraban la totalidad del arroz consumido en Ghana. En 1980, el FMI golpeó por primera vez: el arancel aduanero, protector del arroz, se redujo al 20%, y luego se redujo más.
El FMI exigió entonces que el Estado suprimiera todas las subvenciones pagadas a sus campesinos para facilitarles la compra de pesticidas, abonos minerales y semillas.
En la actualidad, Ghana importa más del 70% del arroz consumido en el país. El Marketing Board, la oficina nacional de comercialización de los productos agrícolas fue suprimida. Ahora son las sociedades privadas las que se ocupan de las exportaciones. En 2010, Ghana pagó más de 400 millones de dólares para financiar su alimento importado.




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