martes, 29 de mayo de 2012

La doctrina del 1 por ciento


Mark Ames

22 de marzo de 2012



Hace poco más de un año, en una investigación sobre la economía de la Confederación, me topé con este gráfico desconcertante, que  representa el valor del “stock de esclavos” de los Estados Unidos  en las décadas anteriores a la Guerra Civil.

Este gráfico nos cuenta la historia real que hay detrás de la secesión del Sur: el valor del "stock esclavos" -propiedad de la clase dominante- se disparó cuando se acercaba la secesión, cambiando su tendencia en un ángulo de casi 90 grados en los últimos años antes del  asalto al arsenal de Harpers Ferry, en octubre de 1859. La clase gobernante del Sur se separó para proteger sus riquezas.
Desde lejos, si no se supiera que se representa el "stock humano de esclavos", este gráfico -con su trayectoria exponencial- podría confundirse fácilmente con el de cualquiera de las destructivas burbujas especulativas que el país ha sufrido a lo largo del tiempo.
De cerca, este gráfico destila codicia, asesinatos en masa y vergüenza. Rompe con el revisionismo histórico que falsamente ha atribuido la “causa” del  Sur a un apego desinteresado, trágicamente romántico a la "tradición" y la "cultura"; desmiente el mito de que los propietarios mantenían a sus esclavos en detrimento de su propio nivel de vida.
Al igual que en las peores guerras y los peores villanos de la historia, la Confederación se separó y luchó con el fin de continuar aprovechándose de sus inversiones más valiosas – su stock de esclavos humanos.
El gráfico proviene de un sombrío documento de trabajo, "Capitalistas sin capital", escrito a finales de 1980 por un economista de la Universidad de Berkeley, Richard Sutch, y un historiador de la Universidad de California Riverside, Roberto Ransom. En su artículo demuestran que, a mediados del siglo XIX, la esclavitud produjo enormes ganancias a los sureños que invertían su capital en esclavos, en detrimento de otras inversiones, a medida que se incrementaba el valor los esclavos. En ese momento, con gran diferencia, la principal riqueza de los cultivadores de algodón se encontraba en el stock de esclavos y no en bienes raíces u otras inversiones.
El comercio de esclavos fue prohibido en 1808, pero la población esclava se cuadruplicó, de 1 millón en 1800 a 4 millones en 1860 - alentada por los propietarios de esclavos, que “generaban” su stock humano, multiplicando sus beneficios a medida que aumentaba el valor de cada esclavo.
La esclavitud es a menudo retratada por los historiadores revisionistas como algo antitético al capitalismo de mercado. En realidad, la esclavitud era una inversión de cartera ganadora, la encarnación de la maldad que el "libre mercado" capitalista puede llegar a alcanzar. Como escriben los autores:
“Los esclavos eran una inversión incluida en la cartera de activos del plantador/empresario, ayudando a satisfacer la demanda de riquezas del propietario. Pero a diferencia de la mayoría de las otras formas de capital, que se deprecian con el tiempo, el stock de esclavos se apreciaba. De manera que el crecimiento de la población de esclavos aumentaba constantemente el stock de riqueza."
Lo que hace este gráfico tan inquietante para nosotros en 2012 es lo que sugiere acerca del actual "1 por ciento" - y cómo nos ven al resto de nosotros. Da significado a la brutal represión de las protestas del movimiento Occupy  -y sugiere que están por llegar cosas aún más difíciles, ya que tratamos de liberarnos de su visión de la civilización y de nuestro lugar en él.
Comparemos esto con un informe del grupo de consultoría McKinsey presentado hace unos años por el director de su oficina en Nueva York. Bajo el título "Las Nuevas Métricas de rendimiento empresarial: beneficio por empleado", el informe sostiene que las empresas con mejor comportamiento económico en nuestra financiarizada era son aquellas empresas que han sabido extraer ganancias cada vez mayores de cada empleado - y no las empresas que han obtenido mejores "rendimiento de la inversión", una medida más tradicional de comportamiento económico.
El informe McKinsey analizó las 30 compañías más grandes del mundo entre 1995 y 2005, y encontró que su rendimiento sobre el capital humano se había más que duplicado, pasando de un promedio de 35.000$ de beneficio por empleado a 83.000$, lo que lleva a esta conclusión bastante franca y nauseabunda:
“Si la intensidad de capital de una empresa no aumenta, el beneficio por empleado es un indicador bastante bueno de los beneficios obtenidos de la inversión en intangibles. El sello distintivo de los resultados financieros en la era digital de hoy es una mayor capacidad para obtener 'rentas' de los intangibles. El beneficio por empleado es una medida de esas rentas. Si una empresa logra aumentar su beneficio por empleado sin aumentar su intensidad de capital, incrementará las rentas de la empresa. “
La extracción de rentas de los empleados como una estrategia de negocio: Esto se supone que es el lenguaje del feudalismo, no el del moderno capitalismo avanzado. Y, sin embargo, esta es la vanguardia del pensamiento capitalista del siglo 21, sin vergüenza y sin adornos:
“Una forma de mejorar los beneficios por empleado de una empresa es simplemente despedir a los empleados que generan pocos beneficios. Pero si los beneficios que generan son mayores que el costo del capital utilizado para apoyar su trabajo, en realidad, despedirlos reduce la creación de riqueza.”
Al igual que con el stock de esclavos en la cartera de un inversor en el sur, el informe de McKinsey argumenta que, a medida que una empresa aprende a extraer con éxito renta de sus empleados, cuanto más empleados tenga para extraerles renta, mayores serán sus beneficios agregados.

Las nuevas métricas. 

Comparar “el 99 por ciento” con los esclavos africanos parece ofensivo; pero la mentalidad del “1 por ciento”, entonces como ahora, es extrañamente coherente. Ellos nos ven no como seres humanos con derechos, sino como ganado de cuya carne debe extraerse la “renta”.
Este es el lenguaje del capitalismo plutocrático, un sistema brutal totalmente incompatible con la democracia y antitético con la civilización. Es el lenguaje de la miseria, y la miseria es lo que "el 1 por ciento" está prometiendo  al "99 por ciento" para los próximos años, cada vez en mayores dosis.

Artículos de Mark Ames en Rebelion:
Austeridad y fascismo en Grecia: la verdadera doctrina del 1%
El imperio de la ley de la oligarquía: de Rusia a Oklahoma

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